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martes, 22 de noviembre de 2016

La zíngara y los monstruos (1944) de Erle C. Kenton



El Dr. Niemann (Boris Karloff) y su ayudante jorobado
Y la Universal siguió explotando a sus monstruos clásicos, todo lo que todavía podían dar de sí, en forma de desastrosas secuelas que a su vez, exponían disparatados crossovers de esos que una década antes habían sido aterradores monstruos que generaban extensas ganancias. ''La zíngara y los monstruos'' (lamentable título hispano correspondiente a ''House of Frankenstein'') iría situada después de ''Frankenstein y el hombre lobo'' y nos presenta un espectáculo absolutamente demencial. La cosa va acerca de un científico loco, al estilo de Frankenstein (interpretado por el antaño entrañable monstruo del ''Frankenstein'' de James Whale), que se escapa de la prisión donde estaba encerrado. Sus intenciones son seguir con los experimentos del famoso Dr. Frankenstein y revivir a su monstruo (curioso ver a Karloff cambiado de rol). 

Niemann despierta al conde Drácula (John Carradine)

Ilonka, la zíngara (Elena Verdugo), aterrada por el hombre lobo
Para ello inicia un viaje, acompañado de su sirviente jorobado, que le ayudará en todo y en él, acabará teniendo como aliados al mismo conde Drácula (John Carradine) y al propio hombre lobo, Larry Talbot (Lon Chaney Jr.), a los que resucitará para lograr sus fines. Esta ensalada de monstruos no puede resultar más caótica, resulta que en poco más de una hora seremos testigos de las nulas apariciones de Drácula, el hombre lobo y el monstruo de Frankenstein de una manera atroz y sin sentido. Drácula aparece quince minutos, hace el paripé ya acaba muriendo por los rayos del sol a mitad de película. El hombre lobo sale a partir de la segunda mitad del film, lloriquea un poco, se transforma en lobo y ¡pim pam!, la zíngara que aparece en el título hispano, que estaba enamorada de él, lo mata con una bala de plata, yéndose con él al otro barrio en el intento de acabar con su maldición. Y el monstruito de Frankenstein se hace notorio en los últimos cinco minutos finales, en los que se carga a su creador y al jorobado que le puteaba y también se autodestruye de manera ridícula. 

El monstruo de Frankenstein congelado

En fin, he spoileado la película entera, sí, pero realmente es que eso resulta ''La zíngara y los monstruos'', un espectáculo hilarante que claramente insulta el espíritu de los buenos clásicos de terror de la Universal. Faltos de ideas, se notaba que la productora intentaba rascar lo imposible, cayendo en la más espantosa de las parodias, en fin, todavía incluso tendrían las agallas de sacar una secuela más que continuaría a ésta, ''La mansión de Drácula'' en 1945, la cual pondría punto y final a la trayectoria de los monstruos clásicos por parte de la Universal.

El monstruo ha revivido

jueves, 11 de junio de 2015

Los ritos satánicos de Drácula (1973) de Alan Gibson


 
Puestos a que haya un sacrificio, que sea de una mujer de buen ver
Viendo esta pedazo de basura no es de extrañar que la Hammer se arruinase. ''Los ritos satánicos de Drácula'' es de lejos una (por no decir la que más) de las producciones de la compañía más bochornosas y denigrantes que existen. Ni la presencia de los grandes Christopher Lee y Peter Cushing sirvió para darle un poco de interés a un film irremediablemente malo, se mire por donde se mire. Como si no hubiesen tenido bastante con la ridícula ''Drácula 73'', el mismo equipo de ese lamentable engendro se puso manos a la obra para realizar la que sería la última de las secuelas de la saga de Drácula orquestada por la Hammer. Nada queda aquí de esa obra maestra que fue el ''Drácula'' de 1958 de Terence Fisher, esa obra increíblemente bien ambientada, de una puesta en escena inconmesurable, un clásico inmortal y perfecto en todos los sentidos. 

Drácula (Christopher Lee) de satánico maestro de ceremonias

El vejete de Van Helsing (Peter Cushing)
sigue dando por culo a Drácula
Nada, aquí todo queda sustituido por un pésimo trabajo de fotografía, un guión risible e ilógico y en resumidas cuentas un todo tan estrambóticamente estúpido que da vergüenza ajena que en sus créditos figure la palabra Hammer, teniendo en cuenta la magna labor de la productora años atrás en lo referido al género de terror. Al igual que su desastrosa antecesora, ''Los ritos satánicos de Drácula'', sitúa al mítico vampiro en la época actual (en el momento de realizar la cinta, en la Inglaterra de los años setenta) y nos cuenta la milonga de que el propio Drácula, se ha convertido en una especie de empresario todopoderoso que plantea gobernar el mundo. A su servicio cuenta con un montón de siervos que le hacen el trabajo sucio y para más inri, también es el oficiador de una serie de rituales satánicos (de jovencitas de buen ver, para así tener la excusa de sacarlas en bolas). Menos mal que anda por ahí el vejestorio del tataranieto de Van Helsing (Peter Cushing, que el pobre ya no está para muchos trotes) para derrotarle nuevamente. 

Lista para dar un mordisquito

En fin, que la película es una soberana mierda, no hay por donde cogerla, nada funciona, es risible y esperpéntica. Normal que la Hammer se hundiera poco después en vista del bajón de la calidad de sus films, una lástima que la saga de Drácula orquestada por la propia compañía, tuviese un final tan demencial y bochornoso. También supuso la octava y última encarnación de Lee como el conde vampiro, el actor atestiguó estar y harto del personaje y decidió colgar la capa para siempre. 

Drácula es un poco torpe, como un tontaina se ha enredado entre las zarzas

El conde Drácula (1970) de Jesús Franco


 
El conde Drácula (inigualable Christopher Lee)
R.I.P. (1922 - 2015)
Hoy ha muerto Christopher Lee, uno de los más grandes actores que ha dado el género de terror, un mito, un icono entre los iconos, además de un actorazo como la copa de un pino. A sus 93 años deja atrás un amplio legado de más de doscientas películas. En fin, este film no es precisamente el más idóneo para recordarle y hacerle justicia, pero ¿qué mejor manera de rendirle homenaje que rescatando una de sus múltiples interpretaciones del mismísimo Conde Drácula? El film que nos ocupa, se trata de una coproducción entre Alemania, Italia y España, dirigido por el máximo creador de bodrios como camiones, Jesús Franco, y como no podía ser menos, la película resulta ser un bodrio como un camión. Resulta que la idea de Jesús Franco (el cual aparte de dirigir, también participó en el guión) era hacer una adaptación cinematográfica de ''Drácula'' de Bram Stoker, cien por cien fiel a la novela en cuestión, muy alejada de la visión que por ejemplo, había dado la Hammer del personaje. Paradójicamente consiguió nada más y nada menos que a Christopher Lee para el papel del vampiro más famoso de la historia, suponiendo para Lee la sexta vez que encarnó dicho personaje (primera y única fuera de los estudios Hammer), de las ocho veces que lo haría a lo largo de su carrera. 

Drácula a punto de hincarle el diente a Lucy (Soledad Miranda)

El atemorizante castillo de Drácula
Para llevar a cabo este proyecto, Franco contó con un presupuesto razonable (no como en la mayoría de sus películas, cuatro perras mal contadas), con un reparto internacional de lujo, aparte de Lee, estaba Herbert Lom haciendo de Van Helsing, el mismo Klaus Kinski haciendo de Renfield, amén de su actriz fetiche del momento, la sevillana Soledad Miranda (la cual murió poco después, ese mismo año). En líneas generales la peli cumple desde el punto de vista estético y audiovisual, está rodada en fabulosos escenarios naturales (la mayoría en nuestro país, véase Cataluña, Murcia, Valencia,...) y la ambientación está bastante cuidada. El problema es que el argumento es demencial. Lo primero de adaptación fiel a la novela de Bram Stoker, no tiene ni un pelo, el único aspecto que se respeta como tal es el detalle de que Drácula comienza siendo un viejete decrépito y poco a poco va rejuveneciendo, pero por lo demás, esa supuesta fidelidad (que insisto, agarrarse a esto para considerar una adaptación de un texto literario como mejor, me parece una gilipollez) existe de manera muy remota. 

El chiflado de Renfield (Klaus Kinski)

La cripta del vampiro
Lo segundo, la película es muy pesada y muy aburrida, le falta alma, garbo, es un auténtico coñazo, algo soporífero. Lo tercero, posee momento absurdos e ilógicos, como ése en el que los protas se meten dentro de una habitación y son ''atacados'' por un grupito de animales disecados (¡escena ridícula donde las haya!). Y lo cuarto, es rancia, terroríficamente nula y sin ningún mérito por el que merezca la pena rescatarla del olvido. El único detalle que la hace digna de un visionado es la presencia del gran Christopher Lee, muy alejado de la imagen del Drácula hammeriano fiero con capa roja a la que nos tenía acostumbrados, y que bueno, su sóla aparición ya es todo un regalo para los fans del género, porque era único donde los hubiese. Pues bueno, ''El conde Drácula'' es una mierda, pero como ya he dicho, sale el maestro Lee y hace el infortunado trago de verla algo más leve y agradable. ¡Que descanse en paz este gran señor!

El profesor Van Helsing (Herbert Lom) matando vampiros

sábado, 23 de mayo de 2015

Drácula negro (1972) de William Crain


 
El príncipe Mamuwalde (William Marshall)
En plenos años setenta, la moda blaxploitation (o sea término denominado a ese grupete de pelis que se hacían protagonizadas por actores negros y destinadas a un público -en líneas generales- afroamericano) estaba a la orden del día y con films como el que nos ocupa, se intentó adaptar al propio género de terror. Así nació este ''Blacula'' (denominada en España como ''Drácula negro'', tal cual), la cual resulta un film más del montón entre la cantidad de caspa grindhouse que se realizó en los setenta y ochenta simultáneamente. La historia adapta la famosa historia de ''Drácula'' de Bram Stoker, pero por supuesto, cambiando la raza del protagonista y también el marco temporal (el film se desarrolla en los actuales -en el momento en que se rodó la cinta- años setenta en Norteamérica). 

El conde Drácula (Charles Macaulay)

Ambiente totalmente black setentero
Nuestro protagonista es un príncipe africano (William Marshall), que tuvo la desgracia de haber sido mordido por el mismísimo conde Drácula, durante un viaje a Transilvania, por lo tanto se ve así mismo convertido en un vampiro. Décadas después (o sea, en los años setenta) es despertado por error por una pareja de gays (muy graciosos ellos, ¡de verdad, son un cuadro!) y el vampiro negro irá campando a sus anchas por la ciudad de Los Ángeles, donde a parte de ir vampirizando peña, irá en busca de la reencarnación de su antigua amante. ''Drácula negro'' por su propia definición, teniendo en cuenta el producto que es, no es una película que se pueda tomar en serio, principalmente porque es, claramente, mala. Pero tampoco es que sus realizadores pretendiesen hacer una buena película, ni siquiera algo mínimamente serio, sin más un mero vehículo de explotación para aprovecharse del tirón de la moda del cine ''black''

Mamuwalde se ha convertido en Blacula

El vampirismo se extiende por la ciudad
El resultado fue una película que con el paso del tiempo, ha conseguido cosechar cierto estatus de culto, por su peculiar combinación de elementos y su bizarrismo, un tanto caduco, pero un tanto nostálgico para los amantes acérrimos de la época en cuestión. En lo personal, me pareció una película bastante divertida (algo que consigue, da la sensación, de forma bastante involuntaria), me molaron ciertos detalles de su escenografía y esa musiquilla funky (muy setentera) que configura su banda sonora. No es un clásico ni mucho menos, es más, es una cutrez de mucho cuidado (maquillajes y efectos pésimos, actores flojos in extremis,...), pero es una de esas cosas tan curiosas que merece la pena echarle un vistazo; seguro que es una de esas frikadas con las que el propio Tarantino se regodeaba dedicándole visionados en esa etapa de su vida previa a convertirse en director. 

¡Cuidado con el sol!

martes, 30 de septiembre de 2014

La hija de Drácula (1936) de Lambert Hillyer



Drácula ha muerto
Teniendo en cuenta el monumental éxito de "Drácula" en 1931, lo que me sorprende es que la Universal tardase cinco años en atreverse con una secuela del mismo. Todavía la productora estaba viviendo un momento álgido gracias al cine de monstruos, denominado hoy en día como clásicos, así que decidieron recurrir nuevamente a la famosa historia de Bram Stoker que tanto beneficio les había proporcionado y gracias al cual realizaron este glorioso ciclo del cine de terror tan histórico. Este film se abre justamente en la misma escena en la que finaliza el "Drácula" de Tod Browning, o sea con el profesor Van Helsing (Edward Van Sloan), eliminando al Conde vampiro clavándole una estaca en el corazón. Lamentablemente para él, posteriormente será detenido acusado del asesinato del aristócrata y puesto a disposición de las autoridades. El mata-vampiros pues, pedirá ayuda a un alumno suyo, Jeffrey (Otto Kruger), sobre el que recaerá en esta ocasión el peso protagónico además de la labor de su maestro. Será cuando entre en escena la misteriosa condesa Zalesca (la siniestra Gloria Holden), la cual como bien nos desvela el título, es la hija de Drácula. Esta mujer desea librarse de sus tendencias vampíricas, cosa que, lógicamente le será imposible, y en compañía de su sirviente y protector (el amenazante Irving Pichel) irá por ahí dejando muy claro la estirpe de la que desciende. 

¿Quién es esta misteriosa mujer?

¿Víctima de vampirismo?
"La hija de Drácula" no es una de las joyas más preciadas del terror clásico de la Universal, eso está claro, comparadas con las, llamésmolas magnas y más recordadas obras, pues se ve obviamente perjudicada. No obstante, posee algunos detalles muy interesantes, el primero de ellos la característica más llamativa de presentar por primera vez en pantalla a un vampiro del sexo femenino, poseyendo por tanto un claro espíritu pionero. En segundo lugar, hay que destacar su correcta factura técnica, lo cual la aleja de los films ya menores que la productora acabaría realizando con la figura de sus monstruos clásicos ya entrada la década de los cuarenta, cayendo ya en la parodia más absurda. En tercer lugar, hay que destacar su vertiente transgresora, decir que en su momento debió de hacer temblar los códigos censores más puristas de la época. Digo esto porque en el film se insinúan en determinadas ocasiones, las preferencias lésbicas de la vampiresa (rasgo además inherente en infinidad del films posteriores que aunaron de forma más gráfica el lesbianismo y el vampirismo), en concreto en cierta escena en la que medio "seduce" a una cándida jovencita que se convertirá en su víctima. Claramente, vista hoy en día, escenas como ésta no supondrán ninguna perturbación para nadie (ni muchísimo menos), pero ¡ojo!, situémonos en 1936, el tono picantón en dicho tramo de la historia tan remilgado para el Séptimo Arte, tuvo que venir de la mano de algún que otro escandalizado. 

La condesa Zaleska (Gloria Holden), la hija de Drácula

Comentar como curiosidad, que el propio Bela Lugosi iba a tener una aparición especial en este film, a modo de enlace más claro con la "Drácula" original. No obstante, no sé qué problemas hubo que finalmente determinados momentos que el propio Lugosi había llegado a rodar para la inclusión en esta secuela, fueron descartados en montaje. En definitiva, no es un film memorable, pero no está nada mal, como pequeño clásico de terror de la época dorada de la Universal creo que es meritorio concederle un visionado, además ha aportado su granito de arena en el desarrollo del cine de vampiros posterior, lo que siempre es digno de señalar y reconocer.

Pesadillas en la noche


*MI MOMENTO FAVORITO: ese sugerente momento erótico-lésbico picantón, en el que la condesa Zaleska (Gloria Holden), ''seduce'' a una inocente víctima femenina (Nan Grey).

Cuidado con quitarte mucha ropa, que hay censura

viernes, 23 de mayo de 2014

Drácula 73 (1972) de Alan Gibson



Drácula (Christopher Lee) ensartado en una rueda de carro
Definitivamente a los de la Hammer se les fue la pinza en su afán por continuar estirando el chicle en torno a su saga particular protagonizada por el Conde Drácula. Tras haberle vuelto a dar muerte en "Las cicatrices de Drácula", prosiguieron exprimiéndose el cerebro encontrando una nueva manera de resucitarlo en una película más y así se les ocurrió la "fantástica" idea (obviamente lo digo en coña) de realizar este engendro llamado "Drácula 73" (bueno, en nuestro país se llamó así, puesto que el título original deja muy claro que el año al que hace referencia en 1972, pero bueno los traductores españoles como siempre, haciendo lo que les sale de las bolas). ¿Qué nos trae de nuevo esta secuela? Pues nada más y nada menos que trasladar la figura del vampírico Conde (nuevamente interpretado por Christopher Lee) al siglo XX, concretamente al año 1972, los tiempos actuales en el momento en que se realizó el film. ¿Cómo puede ser esto posible? 

El descendiente de Van Helsing (Peter Cushing) y su nieta Jessica (Stephanie Beacham)

Muy fácil, por medio de un grupito de jovenzuelos hippies, con mierda por cerebro, que se les ocurre la fantástica idea, capitaneados por el cabecilla, Johnny Alucard -escribir su nombre al revés ya veréis que gracia lo que sale- (Christopher Neame), que hacer un rito satánico en una iglesia abandonada, a través del cual resucitarán a Drácula. A todo esto, una de las muchachas del grupo, Jessica (Stephanie Beacham), resulta ser la nieta de uno de los descendientes del mítico profesor Van Helsing, aquél que le dio muerte a Drácula en el siglo XIX (interpretado una vez más por Peter Cushing), el cual deberá retomar el oficio de su antepasado y enfrentarse a la maldad que se cierna sobre el Londres contemporáneo. 

La sensual Laura Bellows (hipnótica Caroline Munro)

En medio de un rito satánico
A priori el film podría resultar atractivo por dos motivos. El primero, porque nuevamente se volvió a juntar al dúo hammeriano por excelencia, Christopher Lee y Peter Cushing, y además volviendo a encarnar a los míticos rivales, Drácula y Van Helsing, desde que se convirtiesen ambos en un hito tras haber protagonizado la primera "Drácula" de la Hammer en 1958. Y el segundo, por la presencia de la maravillosa, escultural y bellísima scream queen de la época, Caroline Munro. Desgraciadamente ninguno de los motivos es lo bastante potente como para hacer atractivo el film, porque ambas participaciones se encuentran totalmente desaprovechadas en un guión atroz, que lógicamente compone una historia lamentable. "Drácula 73" es ridícula y dejó de manifiesto que los gloriosos años de la productora habían quedado atrás. La que hasta entonces había sido la pionera en la producción del género, estaba viendo el terror gótico estaba pasando de moda y que sus productos ya no eran interesantes para el público. La pena es que, en vez de hacer una retirada por todo lo alto, optaron por hacer mierdas infames como ésta que nos ocupa (y vendrían más). La película es un gran insulto a todo lo bueno que había representado la Hammer y todo un insulto a la magna figura del Conde Drácula. Algo tan lamentable que no merece la pena ni un triste visionado, en serio lo digo. 

El gilipollas de Johnny Alucard (Christopher Neame)

miércoles, 21 de mayo de 2014

Las cicatrices de Drácula (1970) de Roy Ward Baker



Aquí el murcielaguito éste, resucitando a Drácula
La quinta película sobre el personaje de Drácula de la Hammer (y me estoy refiriendo a las que incluyen a Christopher Lee, obviando "Las novias de Drácula"), supuso una clara ruptura con respecto al estilo clásico de la productora británica. Eran los setenta y el cine de terror había experimentado grandes cambios, con la aparición en 1968 de films como "La semilla del diablo" o "La noche de los muertos vivientes", el público había perdido parte del respeto que antaño le propiciaban las historias clásicas de vampiros, desarrolladas en ambientes góticos y barrocos. Pues bien, la Hammer era consciente de ello y quiso saltarse, en cierto sentido, ese buen gusto de tipo clásico que caracterizaba a la mayoría de sus films, eso sí, sin abandonarlo del todo. Así que "Las cicatrices de Drácula" supuso el inicio de un nuevo estilo que marcaría el resto de producciones que la compañía británica abordaría a partir de entonces. Si bien, siguieron siendo fieles a su estética característica, manteniendo la ambientación victoriana y la correctísima fotografía colorista característica de sus más representativos productos, "Las cicatrices de Drácula" añadió una visceralidad inusual hasta entonces en films marca Hammer. Parecía como si los ingleses quisiesen ponerse a la altura de otros productos americanos y demostrar que a la hora de mostrar mala leche ante la pantalla, ellos tampoco se quedaban atrás y así configuraron la película de Drácula más violenta y cruda de la que jamás se encargó la productora. 

Y Christopher Lee vuelve como Drácula, una vez más

Los rivales de Drácula, Simon (Dennis
Waterman) y Sarah (Jenny Hanley)
En sí, el film arranca enlazando más o menos con la secuela anterior, "El poder de la sangre de Drácula". El encargado de resucitarle en esta ocasión es un murciélago colega suyo, que entra volando en su castillo y tras vertir su sangre, sobre su característica capa roja, Drácula se materializa una vez más y ¡catapum!, regresa una vez más (para nuestro gusto, de nuevo con el rostro del magnífico Christopher Lee). Resulta que Drácula no está solo en su castillo, dispone de un sirviente, Klove (personaje al que ya se había hecho alusión en una secuela anterior, "Drácula, príncipe de las tinieblas", aunque realmente no se establecen paralelismos entre ambos films), que le ayudará en sus fechorías a la hora de alimentarse de la sangre de los humanos del pueblo cercano. Pero claro, la peña de dicho lugar se mosquea porque están hasta los huevos de que el Conde se abastezca de sus torrentes sanguíneos y en plan comunidad de vecinos furiosa, parten con antorchas y hachas al castillo de Drácula y se lo queman. Será cuando veamos que en esta ocasión Drácula pierda todo el toque de sofisticación que le había caracterizado y pase a ser algo así como un matarife de primera, pues cabreadísimo, va hacia al pueblo y arma una escabechina en la Iglesia dejando un reguero de muertos considerable, para dejar constancia de que al Conde Drácula no se le tocan los huevos.

El picha brava de Paul (Christopher Matthews) a punto
de jincarse a una vampiresa amante de Drácula

La vampiresa preparada para hincar el diente
La acción cambia de rumbo y se centra en un trío de protagonistas que serán el centro de la trama a continuación. Por un lado se encuentra una parejita, Simon (Dennis Waterman) y la pechugona Sarah (Jenny Hanley), que están a punto de contraer matrimonio. Por otro, está Paul (Christopher Matthews), hermano de Simon, que es un picha brava y se va beneficiando de todas las mujeres de la zona. Por un lío de faldas, Simon huye por patas y acaba en el castillo del Conde Drácula, ¡vaya mala suerte! De donde, lógicamente no saldrá vivo, no si antes tirarse a una de las vampiresas amantes de Drácula, la cual acabará salvajemente cosida a puñaladas por el vampiro (al estilo Michael Myers). Posteriormente, la parejita partirá hasta la zona en busca del hermanito desaparecido y claro, les tocará lidiar con Drácula, el cual (en si línea), ansiará vampirizar a la chica. Pues bueno, a mí personalmente "Las cicatrices de Drácula" es una película que me gusta mucho. No es obviamente de las mejores protagonizadas por el personaje, ni de las más destacables de la productora, pero bueno, marcó un ápice de novedad y se desligó del modo clásico establecido hasta el momento por otros films anteriores, lo cual me parece digno de destacar. 

Drácula torturando sádicamente a su sirviente, Klove (Patrick Troughton)

Una gráfica muestra de la agresividad de Drácula
Me parece una película técnicamente muy bien realizada, con su excelente ambientación gótica (como siempre digo, marca Hammer), muy siniestra y muy entretenida. Christopher Lee vuelve a brillar como cabeza del reparto, ofreciendo una actuación de Drácula más feroz y más agresiva que de costumbre. Lo que más llama la atención, como ya he dicho, es lo gráficamente violenta que resulta por momentos. A ver, no quiero decir con esto que la película sea un festival gore de tripas y sangre, no (esto no es "Blood Feast"), pero que en comparación con otras pelis de la Hammer, se nota que le imprimieron una mala leche desmedida, para nada acorde con el estilo de sus pelis más representativas. Hay una escena concreta, que me llamó la atención, en la que vemos a un personaje ensartado en un gancho de carnicero; escena que no me cabe ninguna duda que sirvió de inspiración a Tobe Hooper para realizar su obra maestra, "La matanza de Texas", eso sí, en esta película veremos de manera explícita a la víctima ensartada tal cual en el gancho, mientras que en el film de Hooper este desagradable momento sólo se intuía, no era mostrado al cual. Por eso digo que estos coletazos de violencia parecen más acordes a la evolución que iría procesando el cine americano para la concepción de las pelis slasher (por ejemplo) que con un film de tipo clásico confeccionado por una productora que ha hecho de lo sofisticado y elegante su signo de identidad. No obstante, desde mi punto de vista, esto es algo que se agradece. En fin, que me parece un buen film de Drácula, distinto, bien ejecutado, violento y muy entretenido, desde luego es muy recomendable. 

Antecediendo a "La matanza de Texas"

*MI MOMENTO FAVORITO: ése en el que Drácula (Christopher Lee) cose a puñaladas a su compañera vampiresa, como si fuese todo un psycho-killer.

Drácula no tiene nada que envidiarle a Michael Myers
(por cierto, se nota la hoja retráctil, ¡qué descuido!)

martes, 11 de febrero de 2014

Drácula de Bram Stoker (1992) de Francis Ford Coppola



El príncipe Vlad Tepes (Gary Oldman), figura real que
 inspiró a Bram Stoker para crear a Drácula
No me cansaré de decirlo, no porque una película sea más fiel a la novela en la que se basa ha de ser mejor, para ello es una adaptación. Sin ir más lejos, "El resplandor" de Stanley Kubrick dista mucho de parecerse a la novela de Stephen King y existe, por ejemplo, una miniserie de "El resplandor" que sí es 100% original al texto de King, aunque es obvio que la de Kubrick es una película muchísimo mejor, aunque se cargue el texto del famoso escritor. Dicho esto como ya dije en mi crítica de la magna "Drácula" de 1958, me sigue pareciendo la mejor película hecha jamás del personaje de Bram Stoker, por la revolución e innovación que supuso en el año que se estrenó, aunque se distancie mucho de la novela original y porque, ¡qué cojones!, Christopher Lee hizo una encarnación del Conde vampiro icónica e insustituible, no por nada le dio la imagen característica a dicho personaje, que nadie más ha logrado cambiar del subconsciente colectivo. No obstante, volviendo al tema de la fidelidad o no fidelidad, Coppola también se tomó sus libertades, ¿o es que acaso nadie se ha dado cuenta?

Un Drácula un tanto decrépito

Mina (Winona Ryder) y Lucy (Sadie Frost),
crónica de lesbianismo encubierto
Muchos defienden a ultranza esta versión por ser supuestamente la más fiel a la novela, pero seamos francos, la película tampoco es el colmo de la fidelidad, lo que no me hubiese parecido mal de no ser porque en mi opinión, esas modificaciones pertinentes en su guión, afectan a la película, y más concretamente al propio Drácula. Y es que creo que Drácula es el que peor parado sale en esta adaptación. No se puede negar que la película visualmente es sobresaliente. Posee una dirección artística sensacional, una fotografía increíble (acertadamente galardonada con un Oscar en dichos apartados); visualmente por supuesto que es la mejor película de "Drácula" (también la que más presupuesto ha tenido, no seamos cínicos, que eso también da para mucho). Lo mejor que tiene el film es la banda sonora, que es verdaderamente espectacular, el tema principal hace que se te ponga el bello de punta literalmente. En definitiva que no se puede negar el gran valor artístico de este film, que es, repito visual y sonoramente una auténtica joya. 

Habría que preguntarle a Jonathan Harker (Keanu Reeves) si se siente
incómodo sirviendo de aperitivo a estas tres vampiresas tan fogososas

¿Violada por un hombre lobo?
Ahora bien, lo que fastidia la película y la aleja de ser la gran obra maestra que muchos apuntan es el guión en sí, la historia y el tratamiento de los personajes. Aunque los actores en general son muy buenos y cumplen muy pero que muy bien sus roles, los personajes no me parecen que tengan un buen tratamiento. Jonathan Harker es de lo peorcito (tal vez la inexpresividad de Keanu Reeves le afecte también), pero realmente es un personaje que me asquea cuando aparece. Van Helsing también me parece intragable (y no me digáis que se parece al de la novela porque en ningún momento se apunta que sea un viejo chiflado), Anthony Hopkins es una actorazo, de acuerdo, pero sinceramente Peter Cushing, con su elegancia y sofisticación, se come a su Van Helsing, neurótico y pasado de rosca. 

El Prof. Van Helsing (Anthony Hopkins) está como una puta cabra

Drácula dándose el lote con Mina,
no sabe nada este vampiro
Mina también resulta vacía en líneas generales (y eso que considero que Winona Ryder está estupenda). Lucy demasiado cachondota (otra divagación del guión porque en la novela no está así retratada ni de coña), de hecho parece salida de una película porno. Aunque francamente el que peor parado sale como ya he dicho al inicio, es Drácula, aunque Gary Oldman lo hace francamente bien, su Drácula es lamentable, da auténtica lástima. Drácula es mostrado como un viejo decrépito al principio, que causa todo tipo de sentimientos menos el menor atisbo de miedo y luego pasa a ser un bohemio estirado, cuyas apariciones no hacían más que hacerme echar de menos la figura con capa roja y llena de ferocidad del gran Christopher Lee. Vamos, que Drácula ha dejado de ser un personaje aterrador y atemorizante y pasa a ser un llorica que sufre mal de amores. Vale que Coppola quisiera quitarle algo de terror a la historia, pero otra muy diferente es basarse en un mito del terror para realizar un culebrón, despojándole así de la esencia arraigada a semejante icono. Por ello, aunque desde luego no la considero para nada una mala película, me parece que desmerece mucho de ser una buena adaptación de "Drácula". Sale mejor parada en este sentido la versión de 1979, en la que habiendo también vertiente romántica en la relación de Drácula con su víctima, no abandonaba de esa forma tan fulminante el elemento aterrador. 

Esta Lucy es una auténtica cachonda

Aunque por otro lado, debo agradecer que el señor Coppola no desmerezca incluir altas dosis de violencia y erotismo, de forma muy poco sugerente, insisto, es una pena que el contenido aterrador sea casi inexistente, porque podría haber logrado una auténtica obra maestra del género, como Dios manda, y no el pastel empalagoso que configuró como resultado final. Muy sobrevalorada.

Así Drácula no resulta tan atractivo

*MI MOMENTO FAVORITO: para mí lo más destacable del film es esa magistral escena en la que Van Helsing (Anthony Hopkins) y su tropa, le dan descanso eterno a una vampirizada Lucy (Sadie Frost). 

"Retrocede ante Jesucristo diabólica criatura"