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jueves, 31 de marzo de 2016

Los largos cabellos de la muerte (1964) de Antonio Margheriti



La pobre bruja pasto de las llamas
Gran gozada de clásico de terror gótico italiano, Antonio Margheriti volvía a tomar el testigo del gran saber hacer que el maestro Mario Bava había demostrado en la joya ''La máscara del demonio'', y nos regala un auténtico placer para los sentidos. Margheriti había realizado el mismo año otro peliculón de horror gótico, ''Danza macabra'' y como no podía ser menos, repite con la misma protagonista, la hipnótica y magna Barbara Steele (también protagonista del film mencionado de Bava), estrella por antonomasia del género del momento. Así pues nos presenta una historia en la que se denotan todos los elementos propios del género, un siniestro castillo medieval, pasadizos repletos de claroscuros tenebrosos y telarañas amenazantes iluminados por tenues luces de velas, maleficios macabros, brujas, espectros, venganzas de ultratumba, etc.; todos perfectamente constituidos y endulzados por una puesta en escena elegante y prodigiosa. 

El desquiciado Barón Humboldt (George Ardisson) oculta muchos trapos sucios

La magnética habitual en el género, Barbara Steele
No falta la usual y despreocupada utilización de la violencia, incluso un toque de sensual erotismo transgresor para la época (incluso en un fotograma, censurado en montaje, se podía presenciar un pecho femenino, ¡en 1964!), se notaba que los italianos no se cortaban un pelo ante eso de pasarse las reglas establecidas por la moral cinematográfica por donde a ellos les pareciese. ''Los largos cabellos de la muerte'' es un film excepcional, aunque ante la ausencia de su existencia doblada al castellano (sólo se encuentra disponible en versión original con subtítulos) echará para atrás a muchos, suponiendo por ello que se pierdan una pieza de horror clásica increíble. A destacar por supuesto a Barbara Steele, ¡como no!, haciendo un doble papel, esta mujer era portentosa, su rostro y sus gestos ya hablaban por sí sola. Recomiendo sin lugar a dudas dejarse atrapar por esa asombrosa y poética escenografía y su aterrador libreto, digno del mismísimo Edgar Allan Poe.

Los muertos son los que mejor guardan los secretos

sábado, 7 de noviembre de 2015

La máscara de la muerte roja (1964) de Roger Corman



El siniestro príncipe Próspero (Vincent Price)
La séptima de las adaptaciones que Roger Corman realizó sobre relatos de Edgar Allan Poe, ''La máscara de la muerte roja'' es también una de las más cuidadas y deslumbrantes estéticamente hablando, resultando un preciosista y colorista relato, en gran parte gracias a la deslumbrante fotografía del futuro director Nicolas Roeg. Comentar que fue realmente la primera de las pelis poeianas de Corman que tuve ocasión de ver, en un ciclo que emitieron en el canal ''Calle 13'' hace ya unos cuantos añitos, por eso le guardo cierto afecto aunque no es de mis favoritas, las cuales para mí siguen siendo ''Historias de terror'' y ''La obsesión''. Bueno, el film se sitúa en la Edad Media en Italia, en una pequeña población donde el sádico y satanista príncipe Próspero (genial Vincent Price, nuevamente y por sexta vez siendo prota de otra adaptación de Poe bajo las órdenes de Corman) , se encierra en su castillo con un grupo de amigos (de su misma categoría), con la intención de esquivar una devastadora plaga de una enfermedad, conocida como la muerte roja, que está asolando la zona. 

Presidiendo una violenta mascarada
 
Baile teñido de sangre
Así mismo, realiza un baile de máscaras en el que no faltarán todo tipo de infames y depravados juegos, hasta que un invitado muy especial (con capucha roja) se colará en el evento, trayendo consigo mismo un cruento final. Comentar varias cosas de ''La máscara de la muerte roja'', la primera que fue la primera del ciclo Poe de Corman rodada en Reino Unido (capital de la Hammer), emigrando desde Estados Unidos, que además es la única en la que Vincent Price hace un papel de villano en sí (en el resto de las pelis del ciclo, cuando ha encarnado a un personaje menos centrado, siempre ha sido justificando como víctima de un trastorno o un desdoblamiento de personalidad) y la verdad me parece de sus mejores performances, no sólo referido a su colaboración con Corman sino a toda su brillante carrera dentro y fuera del género, y también, detalle que les escanta promulgar a los más hipsters y entendidos del tema, que se efectúa un cierto homenaje al cine de Ingmar Bergman, en concreto a su (truño) film, ''El séptimo sello'', con el detalle de presenciar a la propia muerte enfundada en un traje con capucha, incluso ver como ésta se permite hasta filosofar en un final que pone un poquito el vello de punta. 

¡Cuídate de la muerte roja!

En definitiva, me parece una peli espléndida, visualmente potente (es tan colorista que me recordó bastante a la belleza estética propia de Mario Bava) y ciertamente insana y macabra, la verdad es que es una producción sobresaliente, para quien tenga alguna duda de que Roger Corman no sólo hizo baratas chapuzas con monstruos de cartón sin talento evidente.

Desfile de muerte

jueves, 10 de septiembre de 2015

El espanto surge de la tumba (1973) de Carlos Aured



El diabólico Alaric de Marnac (Paul Naschy) y
su esposa Mabille De Lancré (Helga Line)
Aquí tenemos otra de esas célebres películas del fantaterror español de los setenta, para el lucimiento de Jacinto Molina, o sea Paul Naschy, una historia hecha a su medida, con gore de mercadillo y la pirotecnia cutrecilla habitual en sus obras. Naschy escribe y protagoniza un engendrillo ciertamente entrañable (digo entrañable porque con el paso de tiempo se ha convertido en una especie de peli de culto, sobre todo para los incondicionales del fantaterror español de la época y sobre todo del actor en sí, más que por el mero hecho de que la peli goce de calidad), en el que (muy habitual también en su carrera) se pone en la piel de un doble papel, un noble honrado y preocupado por el bienestar de los que le rodean y su particular antepasado demoníaco y perverso villano del cotarro. 
 
La típica sesión de espiritismo que acabará mal

La Cantudo a punto de ser degollada
El malo en esta ocasión a Alaric de Marnac, un tipejo de lo peorcito que en la Francia del siglo XV, torturó y mató por doquier infinidad de personas en pro de sus rituales de adoración a Satanás (el personaje está inspirado en la figura real de Gilles de Rais, cabrón sanguinario entre los cabrones sanguinarios, consultad la biografía de este angelito de marras que pasó de ser un héroe en la revolución francesa a toda una leyenda del horror capaz de erizar la piel a cualquiera). Este tipo es sacrificado (decapitado) junto con su esposa, Mabille De Lancré (retrato más o menos fiel de otro personaje histórico la mar de espeluznante, la condesa Elizabeth Bathory), encarnada por la mítica Helga Line (muy recordada gracias a su participación en la serie ''Verano azul'', amén de sus múltiples apariciones en pelis de terror de esta época), la cual es desnudada y colgada cabeza abajo de un árbol.

Que no falten los pechitos al aire

La Cantudo convertida en un zombie decrépito
Tras este inquietante y demoledor prólogo, la acción se traslada al siglo XX (actualidad de rodaje del film) y vemos como estos dos villanos, por circunstancias del destino, son resucitados convertidos en una especie de demonios-vampiros, y comienzan su particular venganza contra los descendientes de aquéllos que los condenaron a morir en vida. Como ya dije, un propio descendiente de Alaric (también Naschy), será quien le plante cara, mientras el horror y la sangre va tomando posesión de la pantalla. En sí la peli posee una atmósfera bastante conseguida y una puesta en escena, teniendo en cuenta sus características, muy loable y acorde a su estilo. Ahora bien, en mi opinión la peli no pasa de poseer un par de escenas verdaderamente potentes, y es que es bastante violenta y gráfica (degollamientos, destripamientos, corazones extirpados de pechos humanos -sobre todo femeninos-, se ven de manera bastante explícita -amén de los cochambrosos efectos de maquillaje, totalmente perdonables-). Tampoco le falta destape, teniendo en cuenta la época en la que el picantonismo ya hacía mella en la pantalla española (el fin de la dictadura ya estaba cerca), la peli oferta una abundante colección de desnudos (femeninos claro está), véase de Helga Line, de Emma Cohen o de la propia Maria José Cantudo (resulta curioso ver a la remilgada vedette hecha un cristo caracterizada como un zombie). 

La cabeza de Alaric de Marnac

En mi opinión a ''El espanto surge de la tumba'' le falta ritmo, me pareció un tanto aburrida y falta de interés en muchos tramos, también será que como no soy especialmente fan del cine de Paul Naschy (de él me gustan dos o tres contadas), no le he puesto el esmero requerido para disfrutarla, para los incondicionales de él será más bien un lujo culpable visionarla, pero desde mi punto de vista no pasa de ser una mera curiosidad más del cine de terror que se hacía en nuestro país en aquel momento, el cual no es desdeñable porque fue bastante trasgresor e innovador (teniendo en cuenta la represión de la época), pero que en cuanto a calidad se refiere, dejaba bastante que desear, y sino comparar esta basurilla con una joya auténtica de terror español como ''La residencia'' y está claro quien sale perdiendo a todos los niveles. 

Unos demonios un poco cachondotes

miércoles, 8 de julio de 2015

El retorno de Walpurgis (1973) de Carlos Aured



La sádica condesa Elizabeth Bathory durante un rito satánico
Tras el éxito internacional de ''La noche de Walpurgis'', obra cumbre del fantaterror hispano, se recurrió a la treta de idear esta ''secuela'', y si lo digo entre comillas es porque realmente no estamos ante una secuela, su título representa la típica estrategia de marketing para explotar la fama de un film anterior. Regresa eso sí, Paul Naschy (o sea Jacinto Molina) interpretando de nuevo a su personaje más famoso, Waldemar Daninsky, para volver a lucir maquillaje de licántropo. Debo decir que la verdad, este film me parece bastante superior a la propia ''La noche de Walpurgis'', film de calidad paupérrima en determinados instantes, la cual es gratamente compensada en esta ''secuela'' realizada con mucho más esmero y dedicación, y no precisamente con unos medios menos precarios. Destaca del film la prodigiosa ambientación, en especial de exteriores (¡magníficos y gloriosos!) lo cual delata la preocupación de sus creadores por dotar al film de una plasmación visual loable. 

Waldemar Daninsky (Paul Naschy) es todo un picha brava

La peli no se corta mucho a la hora de mostrar violencia...
El film desarrolla su historia en dos etapas históricas distintas, el film arranca en la Edad Media, donde un antepasado del propio Waldemar Danisky (también Naschy), un noble caballero, logra junto con su batallón apresar a la maligna condesa Elizabeth Bathory (en la primera parte se había hecho alusión a este sangriento personaje real, aunque no se le había llamado tal cual). La condesa y su prole, son condenados por la Inquisición a morir en la hoguera por sus prácticas satánicas, maldiciendo la mujer a su captor antes de morir (en la línea de esa joya llamada ''La máscara del demonio''). Transcurren los años y la acción se sitúa en el siglo XIX (por curiosidad, estamos ante el único film del personaje que no se desarrolla en la etapa contemporánea al rodaje del mismo), y tenemos al propio Waldemar Daninsky sucumbiendo a la maldición que la condesa cabrona le había proferido, y ya se sabe, las noches de luna llena sufrirá la transformación de turno que lo convertirá en un peligroso hombre lobo ávido de sangre humana. 

...ni desnudos gratuitos (el destape asomaba)

En resumidas cuentas, la peli resulta una pieza bastante notable teniendo en cuenta sus limitaciones. No le falta gore y múltiples desnudos (que el destape ya iba asomando), para mí es de las mejores pelis de la numerosa saga del personaje de Waldemar Daninsky, como ya señalé, bastante superior a su ''antecesora'', la más famosa ''La noche de Walpurgis'' y me atrevería a decir que de las mejores de Paul Naschy también. Bastante recomendable para los fans del fantaterror español de aquella época.

Waldemar en las noches de luna llena (hace falta una epilady)

miércoles, 8 de abril de 2015

El ejército de las tinieblas (1992) de Sam Raimi

 
 
Ash (Bruce Campbell) ha aterrizado en la Edad Media
La tercera parte de ''Posesión infernal'' ya tomó deliberadamente el camino del despiporre más absurdo. La segunda parte (o remake encubierto de su antecesora) ''Terroríficamente muertos'' ya había demostrado ser una unificación alocada entre la comedia paródica y el terror (inclinándose más por la primera), pues bien, esta tercera ya el cachondeo más irreverente toma total protagonismo. Si bien recordamos, al final de la anterior película, el prota Ash (Bruce Campbell) había entrado de una especie de vórtice temporal que lo había trasladado a la Edad Media y como tal, así arranca este film. Ash continuará su lucha incansable contra los demonios y las fuerzas del mal, pero esta vez seis siglos antes de la época que le había tocado vivir. Nuestro héroe se unirá a un grupo de valerosos caballeros y tras la protección de un fortificado castillo, aguardarán el ansiado combate contra un ejército literalmente infernal. 
 
Los demonios no cesarán de tocar las narices

A Ash le ha salido un doble perverso
Monstruos, zombies, esqueletos vivientes y demás critaturas del Averno, serán los enemigos contra los que tendrá que enfrentarse nuestro prota (con motosierra incorporada al brazo), si quiere mantener su cabeza sobre los hombros. Pues bueno, el film es una locura absoluta, una ida de olla total que en mi modesta opinión, sinceramente, falta bastante al respeto a la manera en que fue concebida inicialmente dicha saga. Ya he dicho en otras ocasiones que no me considero un gran fan de ''Posesión infernal'', pero que vista con el tiempo, me parece todo un clásico digno de merecerse el culto que ha generado con el paso de los años dentro del género. Sin embargo, francamente digo que, no entiendo también la expectación que han generado sus secuelas, en especial ésta. La primera película era aterradora, opresiva, mal rollera, y dadas sus limitaciones salía bien parada en todos los aspectos, a grandes rasgos. 

Un zombie como cabecilla de una emboscada

¡Esqueletos al ataque!
La secuela ya bajaba mucho el listón y, aún poseyendo algún que otro atractivo desde el punto de vista audiovisual, el componente socarrón y burlesco desde mi punto de vista, le restaba mucha calidad al producto en comparación con su antecesora. Pero es que ya la tercera se va de madres, igual si la mezcla de fantasía medieval con film de terror habría funcionado mejor desvinculada de la saga de ''Posesión infernal'' y sin tanto abuso de comedia absurda, vamos, es una simple suposición, pero visto lo visto como pieza perteneciente al legado creado por Sam Raimi, me parece que la desmerece y ridiculiza en exceso. Vale, la historia es ciertamente original y en alguna ocasión alguna risa te puede arrancar, a la par de que algún que otro efectillo es resultón, pero en líneas generales me parece algo no venido a cuento y que bien, podrían haberlo enfocado de otra manera o mejor habérselo ahorrado. 

Una damisela en apuros

La película pasó totalmente desapercibida y fue un fracaso de taquilla, no obstante, se ha creado un cierto culto alrededor de ella y a día de hoy parece estar elevada a la categoría de clásico del género. No diré que es una mierda, pero la verdad es que nunca le he visto el menor atractivo, el nivel de la saga ha sido claramente muy decreciente; y la cosa no mejoró con el remake de la original de 2013, por mucho que los haya que lo vitoreen como el no va más de los no va mases.

¡Lo que da de sí un librito!

El jorobado de Notre Dame (1923) de Wallace Worsley


 
Imagen del perdido mediometraje ''El jorobado
de Notre Dame''
realizado en 1911
Oficialmente ésta es la primera versión cinematográfica (en formato largometraje, porque ya existía un mediometraje realizado en 1911, a día de hoy, por lo que he podido indagar, totalmente ilocalizable) de la famosa novela de Victor Hugo, ''El jorobado de Notre Dame'', la cual ha dado lugar un buen porrón de posteriores adaptaciones (creo que la más famosa, popular y entrañable, a día de hoy sigue siendo la realizada por la Disney en 1996). Esta película que nos ocupa, se trató de una magna superproducción realizada en 1923 por Wallace Worsley y protagonizada por el magno Lon Chaney (ambos, director y actor, ya habían coìncidido en un film anterior en 1920, ''El hombre sin piernas''), el cual gracias a su impresionante performance de Quasimodo, se convirtió en una gran estrella en Hollywood, con total merecimiento. El apodado ''hombre de las mil caras'' realiza una interpretación del jorobado encerrado en la popular iglesia de París, impecable, a la par de grotesca y laboriosa. Del film es digno destacar varios aspectos. En primer lugar su trabajada puesta en escena. Esta película dejaba constancia de que, ya por aquellos primigenios años, el Séptimo Arte ya prestaba una amplia atención a eso de currarse el tratamiento estético, en contra de esa idea preconcebida que la gente suele tener acerca de que el cine mudo, en general, resultaba precario en determinados aspectos artísticos. 

El grotesco Quasimodo (un inconmesurable Lon Chaney)

El hogar de Quasimodo se encuentra entre
los muros de la catedral de Notre Dame
De hecho ''El jorobado de Notre Dame'' fue el film más caro hasta el momento, pues su elevadísimo presupuesto de casi un millón y medio de dólares, supuso un desembolso astronómico (imaginaos, aplicando la inflación a día de hoy podría equivaler a un film de unos 100 millones de dólares, ¡o sea un pastizal de la virgen!). La mayor parte del dinero fue destinado para la construcción de un escenario que imitase el ambiente parisino del siglo XV en el que se desarrolla la historia, incluyendo la propia catedral de Notre Dame. Viendo el film, uno no puede más que maravillarse pues, con el trabajo artístico, totalmente artesanal. La película además, y lo va a decir alguien que considera que la mayor parte del cine mudo es bastante pesado y aburrido (algo que continúo reafirmando con asiduidad, cada vez que me tengo que enfrentar al visionado de algún ladrillo que data de esta época), resulta bastante amena. La trama posee bastante acción, en especial porque no abusa de tiempos muertos y en líneas generales los acontecimientos fluyen sin que decaiga el ritmo en exceso -eso sí, para alguien que esté poco acostumbrado a ver algo que se salga de los típicos productos mainstream más actuales, visionarla sin bostezar será casi un triunfo. 

Quasimodo es sometido a un cruel castigo...

...la gitana Esmeralda (Patsy Ruth Miller) es
la única que se apiada de su sufrimiento
Lo que sí es un poco matador es el constante aluvión de carteles (en los que se recogen los diálogos de los personajes) de amplias parrafadas, que considero que ciertamente (y es algo que he visto señalado en otros lugares donde critican este film) se podían haber ahorrado un poco, o al menos condensado (en ocasiones la acción de los actores da por sentado lo ocurrido, sin necesidad de recurrir a un cartel explicativo) -esto quizás delate en cierto sentido, algo de inexperiencia o torpeza por parte del director y demás colaboradores. Así mismo, y es lógico también tratándose de un film mudo, las interpretaciones son muy excesivas (sobreactuadas) y un tanto frías (poco creíbles y faltas de fuerza), en especial el dueto formado por los amantes, la gitana Esmeralda (Patsy Ruth Miller, superada con creces por ejemplo, por las futuras Maureen O'Hara o Gina Lollobrigida en posteriores versiones de carne y hueso de la obra) y el caballero Phoebus (Norman Kerry). En el terreno actoral destaca, en mi opinión, Brandon Hurst, haciendo de Frollo (en lo personal éste siempre ha sido un villano que me ha fascinado, en todas las versiones que he visto de esta historia, es un personaje que me ha llamado mucho la atención) y por supuesto, Lon Chaney. 

Los enamorados, Esmeralda y el capitan Phoebus (Norman Kerry)

El malvado Frollo (Brandon Hurst)
Chaney portó un laborioso maquillaje, el cual tardaban cuatro horas en aplicárselo, y una pesada joroba de varios kilos que le obligaba a ir encorvado de verdad, a la par de unas incómodas lentillas que llegaron a perjudicarle la visión de verdad, no se puede decir, por lo tanto, que Chaney no era alguien comprometido a la hora de ponerse en la piel de un personaje. Su caracterización de Quasimodo, todo hay que decirlo, es menos entrañable que por ejemplo, otras posteriores (en especial, si la comparamos con el dulce y bondadoso de la versión Disney), aquí es más oscuro, actúa más bien como un retrasado, no aflora tanto el lado sensible en él, por lo tanto no despierta tanta compasión por parte de los espectadores al presenciar sus acciones. En resumidas cuentas, me parece que a nivel de clásico es meritoria de darle el beneficio de un visionado si uno se considera amante del cine, a pesar del porrón de años que carga a sus espaldas y de lo anticuada que, por su condición de film mudo, se ha podido quedar. 

Frollo tiene sucias intenciones con Esmeralda

En lo personal, a pesar de ser muda (y repito, es un cine que me cuesta ver, porque me resulta generalmente cansino y plomizo), me pareció una película ciertamente amena y muy interesante; eso sí, si me preguntasen por mi adaptación favorita de la historia de Quasimodo, la nostalgia manda en mí, seguiría eligiendo una y mil veces la versión de Disney (a pesar de las múltiples variantes que presenta con respecto a la novela original, que tanto molestan a los más puristas). 

Quasimodo carga con Esmeralda, como si ésta fuese un saco de patatas

viernes, 3 de abril de 2015

El Cid (1961) de Anthony Mann


 
El Cid Campeador, Don Rodrigo Díaz de Vivar (Charlton Heston)
Hollywood no dejó pasar nuestra jugosa historia de ''El Poema del Mío Cid'', y de manos del productor Samuel Bronston, se llevó a cabo la adaptación de tan ilustre texto, el cual recogía los andanzas del caballero Don Rodrigo Díaz de Vivar, todo un héroe nacional. Bronston fue era una persona a la que siempre le fascinó España, y fue un gran potenciador de que producciones tuviesen nuestro país como lugar de rodaje. Bajo su nombre están coronadas pelis como ''Rey de reyes'', ''La caída del imperio romano'' o la que nos ocupa, las cuales fueron íntegramente realizadas en terrenos hispanos, de ahí que podamos corroborar la premisa de que tenemos un país ''de cine''. Pues bien, ''El Cid'' es una magistral película épica, dirigida por Anthony Mann (otro al que España le tiraba bastante, de hecho estuvo casado con la mismísima Sara Montiel -vaya bajón pegó Sarita, de tener por cónyuge a un prestigioso realizador hollywoodiense, a protagonizar una boda frikaza con un fulano cubano de cuyo nombre ni me acuerdo-), la cual nos va relatando, obviamente, las consiguientes aventuras del Cid Campeador (muy correctamente encarnado por Charlton Heston -experiencia dentro del cine épico tenía el tío, ¡no se puede negar!-), recogidas en ''El Poema del Mío Cid'', eso sí, con las inevitables licencias made in Hollywood, las cuales no me parecen tan atroces como señala por ahí algún que otro purista a ultranza. 

Jimena (Sophia Loren), el amor de Rodrigo

Batida en duelo
Recuerdo haber visto esta película hace un montón de años, era un niño y nos la pusieron en el colegio (tuvimos que verla en tres o cuatro clases, porque es larga de cojones) y bueno, a grandes rasgos me moló bastante, e la verdad me sirvió como vehículo de aprendizaje acerca de la figura de su protagonista (más que con el mismo texto, del cual tuve que aprenderme de memoria, por imposición de algún profe de literatura tocapelotas, según que fragmentos, ¡menuda tortura!). El film, como otras grandes obras épicas de la época, goza de una realización sublime y apoteósica. La ambientación es espléndida, ¡cómo lucen los paisajes de la Sierra de Madrid, de Cuenca o Ávila, con esos ilustres castillos y murallas! Lo mismo se puede decir del curro estético, véase diseño de vestuarios, decoración de interiores, en definitiva se nota que estamos ante una gran producción y que no escatimaron en detalles para elaborarla con exquisito gusto (hay quien asegura que en un determinado plano, se puede vislumbrar un avión, aunque yo la verdad no me he percatado de dicho detalle). 

Jimena y Rodrigo se dan muestras de su amor

Preciosos escenarios hispanos
Sí es cierto que la historia presenta numerosos anacronismos y peca de falsear a gusto del guionista la historia en sí, pero bueno, hay que tener en cuenta que estamos ante una película, las licencias van ligadas a ello, sino el cine no sería lo que es si se ciñese cien por cien a la extrema realidad. En tal caso, estas leves licencias no creo que molesten en absoluto a la hora de disfrutar del film. Destacar el amplio reparto encabezado por dos grandes (y popularísimos) actores del momento; he mencionado a Charlton Heston -el alma mater de las pelis épicas, que ya venía de meterse en la piel de Moisés o Ben Hur, se apunta otro personaje mítico-, y la guapísima italiana Sophia Loren -está sensual y espléndida, luciendo por doquier todo tipo de modelitos con gracia y elegancia-, secundados por un buen porrón de rostros, no tan reconocidos, pero igual de profesionales y cumplidores dentro de sus respectivos roles (véase a Herbert Lom, Raf Vallone, John Fraser,...). 

Los musulmanes desean su parte de la península ibérica

El príncipe Alfonso (John Fraser) jura no haber tenido nada
que ver con la muerte de su hermano, causa de su coronación
Otro tanto a su favor es la magna BANDA SONORA (nominada al Oscar) del experto musicalizando cine épico, Miklos Rozsa (a él pertenecen otras míticas partituras como las de ''Quo Vadis'', ''Ben Hur'' o ''Rey de reyes''). La pega que le pondría, como siempre señalo en este tipo de producciones, es su extensísima duración, la cual sobrepasa las tres horas, lo cual siempre puede ser un cierto inconveniente añadido que a más de uno le puede echar para atrás a la hora de decidirse a visionarla (un poco más de elipsis no habría venido mal, desde luego). A pesar de todo, ''El Cid'' es otra de esas grandes joyas épicas y un auténtico disfrute para todo aquél admirador de este género, gratificante homenaje por parte de Hollywood de una emblemática figura de la historia de nuestro país, el cual además cosechó un gran éxito.

El Cid continúa cabalgando incluso después de muerto