domingo, 28 de agosto de 2016

El oso (1988) de Jean-Jacques Annaud



El auténtico prota de la peli, el pequeño osezno
Monumental e increíble (eso es decir poco) película del director francés Jean-Jacques Annaud (responsable también de ''En busca del fuego'' y ''El nombre de la rosa''). Estamos ante una imponente obra maestra, de asombrosa belleza, de magistral montaje, de auténtico reflejo de profesionalidad a la hora de componer una pieza audiovisual. ''El oso'' es una película para entrar en contacto con la madre naturaleza, sin que haga falta ver a Félix Rodríguez de la Fuente (cuyos documentales eran extraordinarios), una película para hacernos amar a los animales y ver cuanto amor pueden derrochar, además animales de verdad, el film es de 1988, no había trucajes digitales facilones, entonces se rodaban las cosas con autenticidad. El film nos cuenta como un osezno (una auténtica monada, el chiquitín) pierde a su madre en un aluz de rocas, mientras ella intentaba alimentarlo alcanzando un panal de miel. 

El chiquitajo encuentra quien le cuide

El oso contra el puma
El pobre osito andará desamparado y solo por ahí, encontrándose con todo tipo de peligros, véase un puma (¡qué escenaca la persecución del puma!, para rodarla debieron de echar la vida, y vaya maravilla les quedó!) o lo peorcito, un grupo de cazadores, como siempre la raza humana representando una jodienda para el hábitat animal, por mero divertimento. Afortunadamente para el pequeño, aparecerá otro oso adulto que será quien lo cuide y lo proteja. Memorable es esa escena en la que el oso gigantón perdona la vida de uno de los cazadores que intentaba atrapar al pequeño osezno, y el tipo entonces se da cuenta por fin de la bondad que representa aquéllo que siempre ansió matar. En fin, que se trata aparte de un regalo para los ojos, una joya para reflexionar y pensar, sobre todo aquéllos que no valoran ni un ápice la vida de los animales, y que como seres humanos somos superiores y podemos destruir todo lo que se nos antoje. Una auténtica lección de cine, un auténtico diamante para presenciar, pensar y llorar. 

Escenaca para el recuerdo

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