lunes, 9 de mayo de 2016

El alimento de los dioses (1976) de Bert I. Gordon



¿Pero qué clase de pienso comen estas gallinas?
Una bizarrada de serie B setentera que también acabó adquiriendo cierto estatus de culto con el paso de los años. Dirige Bert I. Gordon, experto en hacer pelis sobre mutaciones atómicas y bichos gigantes, muy típicas de los años cincuenta (la más popular fue ''El asombroso hombre creciente'') y basada en una novela de H. G. Wells y nos muestra la lucha por la supervivencia de un grupo de personas, atrapadas en una isla remota, contra unos animales, pero no animales normales, sino animales que han aumentado diez veces su tamaño normal. Gusanos, gallinas, ratas; todos los componentes del reino animal de la isla, han adquirido proporciones abismales a consecuencia de una sustancia que emana de la tierra, denominada ''el alimento de los dioses'', y claro si ya algunos de ellos, provocaban ciertos estragos, los mismos pero como un camión de grandes, ¡imaginaos qué repelús! La cuestión es que los humanos deberán componérselas como puedan para salir del meollo con vida, lo cual no será precisamente fácil. 

Gusanitos besucones

Saludos amables a la ratita
Como ya dije ''El alimento de los dioses'' es una precaria producción de serie B, por lo tanto su calidad no es para tirar cohetes. Resulta simpático verla hoy en día y presenciar los trucajes fotográficos que pretendían simular el amplio tamaño de los supuestos animales gigantes. Así pues los efectos especiales se ven bastante cutres, como por ejemplo la superposición en un plano de unas gallinas con respecto al actor para que éste parezca diminuto ante ellas, o las escenas de las ratas subidas sobre pequeñas maquetas de casas, dando la ''sensación'' de que son descomunales. En fin, que esa ''ingenuidad'' de efectos anticuados provocan fácilmente la risa lo cual eliminará todo atisbo de supuesto suspense que la cinta pretendía causar. No hay que ser muy duros pues con una producción de este estilo, si tenemos en cuenta no sólo ya que carga con cuarenta años a cuestas (hay que decir que a día de hoy sigue habiendo efectos más mierderos generados por ordenador), hay que tener en cuenta la precariedad de medios que ya de por sí tenían para desempeñarla. En mi opinión, es simpática y curiosa, sé que no es una maravilla ni un clásico a tener en cuenta dentro del género, pero es una curiosidad y una muestra de aquel cine hecho para entretener sin pretensiones, disfrutable hasta con sus más burdos y notorios defectos.

A cañonazos con los ratonazos

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