domingo, 4 de agosto de 2013

Días sin huella (1945) de Billy Wilder



Don Birnam (Ray Milland) borracho desde primera hora
"Días sin huella" fue una película, desde mi punto de vista, bastante adelantada a su tiempo. Corría el año 1945 y el punto de mira de un gran número de películas hollywoodienses era la aterradora 2ª Guerra Mundial (que por ese entonces ya tocaba su fin). No obstante el señor Billy Wilder tuvo la osadía de atentar contra uno de los elementos más glamourosos del star system y atribuirle una buena dosis de triste realidad, alejada de las connotaciones tan dóciles y suaves que solían representar en su mayoría los films de la época. Me estoy refiriendo al alcohol y es que "Días sin huella" fue la primera (creo que no me equivoco) en tocar el tema del alcoholismo y mostrarlo como una enfermedad destructiva. Wilder había roto con la imagen de sensualidad del típico galán acompañado de su inseparable whisky o del típico borrachín simpático, también muy recurrente en papeles secundarios y por primera vez nos mostraba a un protagonista sumiso y derrotado por su adicción, hasta unos límites demenciales. 

Don con su novia Helen (Jane Wyman)

Los círculos que reflejan
los tragos de Don
La película nos cuenta el drama de un escritor fracasado, Don Birnam (excelente Ray Milland), quien al no conseguir el éxito que ansía, ahoga sus penas en el alcohol. Lo malo es que se convierte en una persona absolutamente dependiente de toda bebida alcohólica y eso plantea un serio problema a su vida, haciéndole hundirse en un vacío de locura incontrolable. Su novia (Jane Wyman) y su hermano (Phillip Terry) harán todo lo posible por intentar ayudarlo y hacer que recobre una vida normal. Pero la tarea es verdaderamente complicada, ya que el nivel de adicción de Don, cada vez va más en aumento. 


Bebe y bebe y vuelve a beber

Helen y el hermano de Don, Wick (Phillip Terry)
"Días sin huella" me parece una película ejemplar, buenísima, un grandísimo clásico, curiosamente tengo la sensación de que no es uno de los films de Wilder sobre el que más alabanzas de vuelcan y creo que eso es bastante injusto. La película es un viaje a la mente enferma de un alcohólico y nos lo presenta como tal, como un enfermo que es capaz de cualquier cosa por beber, incluso llegando a rozar la locura al no conseguir dicho fin. Como drama es desgarrador, he de decir que yo soy completamente abstemio, pero que francamente me he visto en la piel del protagonista, el cual me ha hecho partícipe de su dolor y sufrimiento de una forma increíble. Precisamente por esto la película resulta tan cojonuda, porque te sabe implicar fácilmente y consigue que conectes con la historia. Aparte de la magnífica puesta en escena (que por momentos roza lo absolutamente lúgubre y terrorífico, al mostrarnos el abismo de tensión en el que se debate su protagonista) y la estupenda dirección de Wilder, hay que destacar la soberbia interpretación de Ray Milland. Viendo a este pedazo de actor hacer este papel se le pone a uno el vello de punta, porque es en una palabra increíble. 
 
Una botella colgando del apartamento de Don

Justamente "Días sin huella" se llevó 4 Oscars, a la mejor película, mejor director, guión y para mí el más merecido, el de mejor actor para Ray Milland. Mencionar como no la correcta participación de unos secundarios que arropan muy bien a Milland, como la por aquel entonces esposa de Ronald Reagan y futura y mítica Angela Channing de "Falcon Crest", Jane Wyman. En mi opinión "Días sin huella" es un peliculón, un film imprescindible, desgarrador e impecable, sin lugar a dudas una de las mejores películas de Billy Wilder, muy alejada de las comedias que más se recuerdan de este gran director.

Don al borde de la locura

*MI MOMENTO FAVORITO: no sabría decir uno concreto, pero voy a señalar esos instantes en los que Don (Ray Milland) hace esfuerzos por no beber y mira la botella con unas caras que delatan su desesperación. Sinceramente es que ver a Ray Milland haciendo el personaje es algo excepcional, hasta yo, siendo abstemio por completo, he sufrido con él.

Aguantando las ganas de beber

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