lunes, 8 de febrero de 2016

La noche del cazador (1955) de Charles Laughton



El malvado reverendo Harry Powell (Robert Mitchum) en prisión
Lo que pasa cuando a un film lo elevan hasta lo más alto del estrellato, es que hordas de hipsters ''entendidos de cine'' (y no incluyo aquí a los auténticos entendidos y estudiosos de esta materia) aparecen por oleadas a apuntarse al carro de las alabanzas (la mayor parte de las veces, por intentar quedar de excesivamente culto y guay de cara a la galería). Digo esto, porque me quedo totalmente a cuadros al leer por ahí un buen porrón de comentarios que mucha peña le ha dedicado a ''La noche del cazador'', parrafadas llenas de morralla verbal que quieren decir mucho pero que no dicen nada (odio a esos críticos que comentan un film con unos palabros tan fisnos, tan pedantes y tan arrogantes, que uno no acaba de entender de qué coño está hablando). Así que, voy a intentar no caer en ese error y comentar a grandes rasgos mis impresiones sobre este clásico, único film dirigido por el fabuloso actor Charles Laughton (al pobre no le quedaron más ganas de probar tras la cámara, después de que la película fuese un rotundo fracaso en su estreno). 

El reverendo se camela a la boba de Willa Harper (Shelley Winters)

La imbecil de Willa ni parpadea cuando
el reverendo está a punto de abrirla en canal
El film trata sobre un predicador hijo de puta (grandioso Robert Mitchum, en una de sus interpretaciones más legendarias y recordadas, junto a la de ''El cabo del terror''), que comparte celda con un desgraciado atracador, el cual le confiesa (en sueños) que ha confiado un botín robado a sus dos hijos pequeños. El predicador toma buena nota de ello y cuando sale de presidio, va en busca de los pequeños, a los que localiza fácilmente por los datos que le confirió el padre, el cual acaba siendo ejecutado. Éste se casa con la madre de éstos (ahora viuda, obviamente) y pretende ganarse la confianza de los niños, para así averiguar donde está el dinero. Pero los nenes serán duros de roer y guardarán el secreto de forma muy cautelosa, lo cual enfurecerá al perturbado predicador hasta el punto de sacar a pasear sus más bajos instintos homicidas. Debo decir que a grandes rasgos, me gustó mucho la historia de esta película. El predicador representa un monstruo malvado a ojos de los dos pequeñajos, quienes en determinado momento tendrán que escapar por patas de este cabronazo, iniciándose una persecución tensísima en la que los niños recorrerán un largo camino hasta llegar a una casa de acogida para huérfanos, donde los cuidará una mujer mayor (la mítica actriz de cine mudo, Lillian Gish), que con un par de huevos será capaz de plantarle cara al malvado predicador (con escopeta en mano). 

El malvado predicador increpa a los hijitos de Willa

Los pequeños escapan de su enemigo
La cosa es que como esta peli se ha acabado catalogando como una obra maestra de ésas a las que no se les puede ''toser'', la gente que va de lista empieza a sacar una cantidad de pantomimas por aquí y por allí, para así querer hacer mostar que son más instruidos que el resto de mortales normales. Y sí, el film visualmente es precioso, su contrastada fotografía en blanco y negro le atribuye un plus escenográfico deslumbrante, se notan las referencias del expresionismo alemán y al cine negro, y ciertamente se ve claro un cierto halo poético que el director quiso imprimirle a múltiples escenas, que por contra en ocasiones pecas de excesiva teatralidad. Sin embargo esta teatralidad también ejerce, desde mi punto de vista, un cierto aspecto negativo, pues a día de hoy en determinadas ocasiones ''La noche del cazador'' puede pecar de un tanto ridícula. No hay más que ver la escena en la que Shelley Winters (que hace de la madre de los niños, componiendo una estampa totalmente absurda, porque su personaje es literalmente, gilipollas, excesivamente cargante y subnormal) se queda petrificada a la espera de que el predicador la raje con su navaja (¡siempre me quedé a cuadros con este momento concreto!, ¡irreal y bobalicón). 

Willa descansa en el fondo del río

La Sra. Cooper (Lillian Gish) mantiene a raya al
predicador, con escopeta en mano
Así mismo, ese otro momento en el que el precicador ataca a los niños en el sótano de la casa de éstos, y que comienza a hacer extraños gestos que se asemejan bastante con el vampiro de ''Nosferatu'', considero que es inevitable que no quede involuntariamente cómico ante la hilaridad de la situación, si un psicópata tan peligroso intentase a hacerle daño a unos pequeños, no se pondría a hacer las memeces que éste hace (por mucha referencia cinéfila que se utilice como excusa). En fin, que obviamente posee múltiples aspectos para considerarla con merecimiento una joya del cine clásico, un thriller encomiable y sin lugar a dudas una película disfrutable que engancha y entretiene (a la par de poseer un acabado visual impecable y bello), aunque hay que ser francos, contiene ciertos aspectos que la apartan de ser la prodigiosa obra maestra intachable y sin fallitos apreciables que los más ''expertos'' vitorean que es, desde mi punto de vista personal, el cual es totalmente debatible.  

El reverendo luce las palabras ''AMOR'' y ''ODIO'' en los dedos de sus manos

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