miércoles, 17 de febrero de 2016

El cerebro de Frankenstein (1969) de Terence Fisher



Peter Cushing vuelve a ser el Dr. Frankenstein
Y como hicieron con Drácula, la Hammer siguió explotando la figura del Dr. Frankenstein en pro de la creación de nuevas secuelas. Por quinta vez, el científico obsesionado con crear vida a través de cuerpos muertos vuelve a tener el rostro de Peter Cushing, el cual realiza, ¡cómo no!, una actuación más que ejemplar, acorde a su icónica figura dentro del género. En esta ocasión tenemos a un Frankenstein mucho más perverso que de costumbre, y es que por su comportamiento podíamos estar ante un cruento psicópata. El tipo no tiene escrúpulos, chatajea, viola, mata, es capaz de todo para lograr su nuevo objetivo que no es otro que el de trasladar el cerebro de un científico fallecido, a otro cuerpo, con la intención de sonsacarle a éste una información valiosa para él. 

Los secuaces de Frankenstein (Veronica Carlson y Freddie Jones)

El doctor no cesa con sus tejemanejes
Para ello, se sirve de una parejita de tortolitos, a los que (como ya mencioné) chantejeará sirviéndose de sucias artimañanas, los cuales se verán obligados a hacerle caso en todas sus mezquinas andanzas. ''El cerebro de Frankenstein'' (título que nada tiene que ver con el original, ''Frankenstein must be destroyed'', que vendría a ser ''Frankenstein debe ser destruído''), me parece otra más que gratísima secuela hammeriana con el personaje creado por Mary Shelley como protagonista. Su historia es original, su trama se sigue con atención, es perversa, es macabra, es dramática y es muy amena. Encontramos también al gran Terence Fisher en la dirección, el cual demostró nuevamente sacar todo el partido posible a un film que se merece el calificativo de memorable, en una época en la que la productora ya comenzaba a dar muestras de agotamiento creativo. 

Cerebro trasplantado con éxito
''El cerebro de Frankenstein'' iría más bien vinculada a las obras de más maestría de la Hammer, por su cuidada ambientación, su correctísima realización y su guión bien enlazado, que a posteriores patatas perpetradas por la compañía ya iniciados los setenta, cuya calidad ya iría en descenso progresivo. Ésta, no sería la última de las secuelas de Frankenstein, pero sí que se puede decir con rotundidad, que sí lo fue de las que mereciesen la pena destacar. Su final es también reseñable y apoteósico, digno de haberle dado una muerte digna al personaje, en vez de seguir estirando un chicle que ya rogaba dejar de ser mascado. En definitiva, muy buena secuela, a la altura de su anterior ''Frankenstein creó a la mujer'' y de lo mejorcito en lo que se refiere a adaptaciones (libres) del histórico personaje de la señorita Shelley.

El ''monstruo'', ¿es el auténtico monstruo?

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