lunes, 15 de febrero de 2016

La séptima mujer (1978) de Franco Prosperi



La Madre Superiora (Florinda Bolkan)
Ya dije en otras ocasiones que la sombra de ''La última casa a la izquierda'' fue muy larga, y aquí nuevamente encontramos otro caso de explotación de la misma fórmula que presentó el clásico de Wes Craven. ''La séptima mujer'', sitúa la acción en una casita en la playa en la que se encuentran unas cándidas monjitas, que de pronto es asaltada por unos maleantos asquerosos que están huyendo de la justicia. Pues bueno, ya os podéis imaginar lo que va a ocurrir, unos tipejos repugnantes y violadores, metidos en un sitio cerrado y aislado de la civilización repleto de cuerpecitos virginales ocultos bajo los hábitos. Las pobres monjitas no cesarán de recibir todo tipo de humillación y vejación, hasta el punto en que por fin dejan de rezar y deciden pasar a la acción. 

Comienza el asalto

Propasándose con las pobres monjitas
La Superiora es Florinda Bolkan (vista en los inolvidables giallos de Lucio Fulci, ''Una lagartija con piel de mujer'' y ''Angustia de silencio''), y llegado un momento se descubrirá como todo un ángel vengador (nunca mejor dicho), y no se quedará quieta cuando toque el reparto de hostias (y no precisamente consagradas). ''La séptima mujer'' podría ir enmarcada en otra de esas subcorrientes que dentro de la exploitation, se generó debido a su temática, me refiero a la denominada ''nunsploitation'', films que básicamente seguían las normas establecidas por su género madre (con violencia a malsalva, violaciones, venganzas, erotismo,...) pero con la peculiaridad de que presentaban figuras monjiles o de ámbito religioso, como personajes centrales de la trama (¡eso era provocación!). 
 
El abuso es atroz

Víctima de una violación salvaje
Y eso tenemos en ''La séptima mujer'', monjitas inocentes presas de fieros criminales, que en el momento indicado, se convertirán en agresivas ajustadoras de cuentas, para castigar (como Dios manda, ¡amén!), a sus sucios atacantes. Teniendo en cuenta las normas establecidas por el género, el film no desentona en nada, no sorprende (porque es previsible desde el minuto uno), pero tampoco lo pretende, es un mero ejercicio de aquel cine grindhouse tan políticamente correcto que otros como Tarantino han convertido en su Biblia. Es simplemente una buena muestra más de lo que el exploit italiano era capaz de ofrecer, sin censuras ni medias tintas y tampoco sin llegar a unos límites de salvajismo desmesurados, porque hay que decir que dentro de lo grotesco de su argumento, ''La séptima víctima'', es ciertamente comedida a la hora de mostrar grafismo (en las escenas más fuertes se intuye más que se expone).

La monja ha soltado el rosario

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