viernes, 12 de diciembre de 2014

Cabeza borradora (1977) de David Lynch



El atormentado prota, Henry Spencer (Jack Nance)
Tarea especialmente compleja es el hecho de hablar de una película como ésta, bueno, en realidad, tarea compleja es hablar de cualquiera de las obras de su autor, David Lynch, un tipo de renombre que sí bien es cierto, desde mi punto de vista, nos ha brindado estupendas y magistrales obras, como también truñacos como puños, de ésos que los gafapastas de turno, utilizan como objeto de estudio conciso para aportar análisis insustanciales, en los que ellos siempre ven más cosas que el resto de los humanos normales (por ello de quedar siempre por encima del resto, gracias a sus privilegiadas mentes). "Cabeza borradora" fue el primer largo de David Lynch y la verdad, no sabría muy bien cómo definirlo, es más, creo que el apelativo que mejor le viene es el de indefinible. Lo primero que tengo que decir es que no soy un ferviente admirador del arte surrealista. Vale que en otros medios de expresión artística, véase la pintura, este movimiento ha aportado magnas maravillas (no hay más que ver un buen puñado de cuadros de Dalí), pero aplicado al campo de lo audiovisual, lo siento, pero para mí que no casa demasiado bien. El porqué es muy simple, creo que una aportación lógica es imprescindible para componer un buena historia, un guión con pies y cabeza es fundamental para enganchar la atención del espectador. 

Una cena muy incómoda

El pollo se mueve y sangra
Si tiramos de la mecánica surrealista, la cual elimina toda existencia de lógica, puede quedarnos algo visualmente más o menos llamativo desde el punto de vista estético, pero francamente, mi cabeza desconecta al no existir una estructura narrativa que acompañe a componer una historia que se pueda seguir. Y ése es el problema de muchos de los trabajos de esos directores que han elaborado films de tipo experimental, trasladando el surrealismo al cine, desde Buñuel, hasta el propio Lynch; quien ha convertido la falta de lógica en su marca de fábrica. "Cabeza borradora" se compone de una historia que huye de la narración tradicional. Es surrealismo puro y duro, así que todo vale. Realizar un análisis exhaustivo de los dobles sentidos que presenta o intentar adivinar qué quería decir Lynch con esto y lo otro a la hora de incorporar los elementos que configuran la obra, creo que es tan ineficaz como darse de cabezazos contra una pared. De todos los comentarios que he leido por ahí acerca del film, creo que el más acertado ha sido uno que (no recuerdo la fuente) exponía la película como si de una pesadilla se tratase (por la estética tan tétrica, desde luego le va al pelo). 

Un bebé rarísimo y grotesco

La diminuta mujer del radiador, ¡todo un cuadro!
Tenemos a un personaje marginal (interpretado por actor fetiche de Lynch, Jack Nance), un tipo deprimido, un alma rota, casi un autómata (en tiempos de crisis así nos sentimos muchos, vacíos por dentro), el cual se ve asediado constantemente por imágenes del todo grotescas, desde una mujer deforme diminuta que le canta desde el radiador, hasta monstruosas apariciones, inclusive detalles violentos, como uno concreto en el que es decapitado y su cabeza utilizada para fabricar gomas de borrar (de ahí lo de "cabeza borradora"). ¿Qué significan estos detalles?, ¿quién sabe?, no voy a quedar de culto y de listillo, podrían significar miles de cosas o no significar nada. Esto es surrealismo, la exploración del subconsciente, y si tomamos la peli como una pesadilla del propio autor, o del prota o de María Santísima, pues realmente todo vale y no todo tiene por qué tener una explicación, al fin y al cabo el mundo de los sueños es libre y todo es posible. A su vez, el pobre protagonista tiene que cargar con un bebé, su hijo (al menos, eso nos hacen entender, porque su proceso de gestación es la mar de curioso) fruto de una irresponsabilidad para con su novia, el cual es una especie de feto extrañísimo; una especie de criatura que se parece a cualquier cosa menos a un humano, que suelta incesantes quejidos capaces de ponerle los pelos de punta a cualquiera (y más si es un padre primerizo). 

En las pesadillas todo vale

Cabeza borradora
El resto que compone "Cabeza borradora" son una serie de idas de olla tremebundas, detalles macabros y una serie de situaciones a las cuales, como ya he dicho, es inútil buscarles la lógica. El experimento es no menos que curioso y sorprende en varios apartados, por ejemplo, es lo referido a la parte visual. Esa fotografía en blanco y negro y esa puesta en escena sombría y oscura, merece un gran aplauso, pues el trabajo de Lynch es idóneo para representar con imágenes el desasosiego puro y duro, el drama de la soledad y el lado más oscuro del subconsciente humano. En este apartado "Cabeza borradora" resulta aterradora, y eso que no es un film de terror al uso, pero es que su ambientación resulta tan asfixiante que crea mal rollo constante. Por otro lado está el tema del desarrollo en sí de la película, y es donde más se le pueden poner pegas al film. Alguien muy acostumbrado al tipo de narración más convencional, seguramente no aguante esta película ni diez minutos y sin lugar a dudas le parecerá un rollo monumental, y razón no le falta, pues no es un tipo de cine para un consumo masivo, más bien yo diría, muy reducido. El ritmo de la peli es lentísimo, a pesar de durar poco más de 80 minutos, "Cabeza borradora" es bastante densa y requiere un esfuerzo ciertamente intenso por parte del espectador para soportarla entera. 

Siniestro teatro

Yo debo decir que conseguí verla del tirón, poniendo un poquito de mi parte, porque a pesar de que me aburrí bastante (es innegable), sí que me vi, en cierto grado, atrapado por la intensidad de sus escenas, lo cual me provocaba una grata admiración. Y ahí se encuentra esa dualidad implícita en el film. Desde luego, y sin lugar a dudas, "Cabeza borradora" es un experimento curiosísimo y no falto de interés. ¿Es recomendable? Difícil planteamiento, yo sólo me atrevería a instigar a que le dediquen un visionado a mentes muy preparadas a ver cine no convencional, porque sino, la experiencia puede ser una auténtica tortura. Yo entiendo a todos aquéllos que la alaben, como a aquéllos que echen pestes de ella. Yo me mantengo neutral, por un lado me fascinó y por otro me aburrió, así que creo lógico que me sitúe en un término medio. Aunque eso sí, es un film único en su especie, así que por ello merece su página en la Historia.

El bebé destripado

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