domingo, 2 de febrero de 2014

El coleccionista (1965) de William Wyler



Freddie Clegg (Terence Stamp), coleccionista de
mariposas y secuestrados en sus ratos libres
Tras haber conseguido el envidiable currículum de haber sido galardonado tres veces con el Oscar al mejor director (y desde mi punto de vista, muy merecidamente en todos los casos, lo que no se puede decir de otros profesionales del Séptimo Arte), William Wyler, casi ya en el final de su carrera, dirigió este sencillísimo thriller, tan simple argumentalmente como efectivo a la hora de enganchar. Recuerdo que la vi como mera curiosidad, pero sin que en realidad me atrajera mucho; el hecho de saber que la película estaba constituída por la interacción de dos únicos personajes, en un espacio muy reducido y durante una duración de dos horas, la verdad, me apuntaba a que iba a ser un rollo (aún sabiendo que el director era William Wyler, cuya filmografía, casi al completo, adoro).Y bueno, la verdad es que mis impresiones a priori, resultaron ser por completo erróneas, porque "El coleccionista" me gustó muchísimo. Me sorprendió porque el guión de la peli está tan bien construído que consigue algo que muy raramente he visto lograr en películas con reducidos personajes; algo tan imprescindible como es el no aburrir. 

En medio de un secuestro

Miranda Grey (Samantha Eggar), la joven secuestrada
La historia nos presenta la sencilla propuesta de un tipo algo chalado, Freddie (Terence Stamp), el cual se da un cierto ramalazo a Norman Bates (a excepción de su mortal desdoblamiento de personalidad), que se obsesiona de manera enfermiza con una joven, Miranda (Samantha Eggar). Resulta que el chaval es coleccionista de mariposas, siente devoción por capturar todo tipo de especies de éstas, que conserva con rigor en su retirada mansión, alejada de la civilización. Pero ahora, Freddie, desea aumentar su colección y Miranda se convierte en su nueva captura. Aprovecha un descuido de la joven para secuestrarla y retenerla contra su voluntad, en un habitáculo contiguo a su casa, acomodado para la joven. Freddie, no es un secuestrador corriente (o al menos en lo referido al estereotipo que, en concreto, yo tenía como tal), él verdaderamente desea que el cautiverio de Miranda, sea una experiencia agradable, desea conversar con ella, y lo más importante, desea que ella se vuelque en lo sentimental con respecto a él, y que llegue a tenerle sentimientos afectivos, tal como él los tiene hacia ella. Así pues, entre ambos comenzará a establecerse una relación a caballo entre lo obsesivo y la desconfianza (obviamente ella le tiene un miedo de aúpa, y no es para menos; y a la mínima intentará escaparse y él se implicará a fondo en el hecho de serle agradable a ella). Así pues, el fin del secuestro sólo lo marcará Miranda, la llave para su libertad, es que se enamore de Freddie, pero enamorarse de verdad. Lo siniestro e inquietante de la historia es que a medida que pasa el tiempo, la joven va dándose cuenta de lo irresistiblemente atractivo que le irá resultando su anteriormente, acojonante secuestrador. 

Miranda encerrada en este habitáculo

Un secuestrador muy majo, negociando con
su captura las condiciones de su cautiverio...
En líneas generales lo que nos muestra el film es un caso del, para mí desconocido hasta el momento en que lo visioné, llamado síndrome de Estocolmo, en la que se nos narra como una víctima de un secuestro, acaba loquita por los huesos de su secuestrador. Lo genial del film es que nos presenta dicha historia, con un componente dramático y una narración tan intensa y tan bien contada que, de verdad, obnubila el alma. Sí, ya sé que me ha quedado cursi decir esto, pero es una sensación que me sobrevino mientras veía "El coleccionista". La gran virtud que posee el guión de este film es que nos hace conectar de manera increíble con los personajes, ¡ojo!, tanto con el aparente villano y secuestrador, como con la desvalida víctima. Nos explican tan bien la psicología  de ambos, que es imposible no quedar atrapado por el relato que nos presentan en pantalla. A su vez, no le faltan excelentes momentos de suspense, sobre todo en su primera parte, en la que nos muestra los intentos de ella por desembarazarse del psicópata. En cambio, la segunda mitad ahonda más en el componente dramático, incluso con tintes de romance (aunque nada empalagoso) y, algo que me pareció muy fuerte, incluso se permite el lujo de meter tintes de contenido erótico bastante picantes teniendo en cuenta su año de realización; bueno sin ir más lejos, a Samantha Eggar se le puede ver un pecho -de perfil y un tanto disimulado-, pero un pecho al fin y al cabo; ¡en 1965!, ¡todo un progreso, no cabe duda! 

...pero no acabarán de ponerse de acuerdo

Freddie enseña a Miranda su colección de mariposas
Mención especial merece el trabajo sobresaliente, apoteósico y magnífico del dúo de actores que no sólo encabezan el reparto de "El coleccionista", sino que llenan  por completo la película, con unas interpretaciones que quitan el hipo. Tanto Terence Stamp, como el lunático que en el fondo nos acaba dando hasta lástima por ver la triste situación que le ha empujado a cometer el rapto, como la bellísima y sensual Samantha Eggar, como la sufrida secuestrada que acaba engalanada por los encantos ocultos de su inicial némesis (decir que la chica fue justamente nominada al Oscar a la mejor actriz). El resto lo componen un montón de apartados técnicos igual de majestuosos que convierten a "El coleccionista" en una, un tanto discreta, joya; otra más para el impecable currículum de su magistral director. Eso sí, tengo que ponerle una pega; no me gusta el final; sinceramente fue algo que me dejó un tanto frío, aunque debo de reconocer que en su momento fue bastante original e inesperado, ¡eso seguro!, y los que la hayan visto, me imagino que pueden intuir el porqué de mis palabras. 

Secuestrador y secuestrada estrechan lazos

*MI MOMENTO FAVORITO: ese instante picantón que he mencionado antes, que resulta muy curioso y transgresor, teniendo en cuenta la fecha de realización de la película. 

Ese pecho casi vale un Oscar

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