martes, 17 de marzo de 2015

Doce hombres sin piedad (1957) de Sidney Lumet



Lo que el Jurado dice...
¡Una joya del Séptimo Arte verdaderamente impactante! Un film sobrio y magno, desde luego toda una obra maestra. En muchas ocasiones me sucede, cuando leo un porrón de críticas sobre determinada película, y éstas son siempre excesivamente buenas, suelo llevarme tremendas decepciones, la mayor parte de los casos acabo topándome con trabajos infinitamente sobrevalorados, desde mi punto de vista. No obstante, debo decir que esto no me ha pasado con ''Doce hombres sin piedad'', es más me atrevería a decir que es de esos pocos casos en los que la unanimidad existente en su defensa como imperecedero clásico, está más que justificada. El film me sorprendió sin lugar a dudas, y lo hizo especialmente porque si lo analizamos, vemos que los elementos que lo componen no pueden ser más simples (y a la vez, más efectivos). La acción se centra en un único espacio, y sus protagonistas son doce personajes que se pasarán dándole a la lengua desde principio a fin. 

Votación, ¿inocente o culpable?

El personaje de Henry Fonda es el único que
contempla como posible la inocencia del acusado
Pregunta del millón, ¿se puede hacer algo potente con algo tan escueto, firmemente focalizado en un espacio concreto y con una total ausencia de acción en el más amplio sentido de la palabra? La respuesta es, sí se puede, y Sidney Lumet lo demostró a cal y canto. Partiendo de un sobrio y magnífico guión, la película se centra únicamente en el diálogo de los doce personajes que la componen, para ofrecernos a los espectadores un sin fin de sensaciones y emociones de las que nos veremos cautivados de manera inevitable. El argumento nos cuenta como los doce miembros de un jurado deliberan acerca de la culpabilidad o inocencia de un muchacho, cuyo juicio acaban de presenciar. En un principio todos parecen tener muy claro que el chico es culpable (del asesinato de su padre), o mejor dicho casi todos, pues uno de ellos (implacable Henry Fonda) comenzará a hacer pertinentes deliberaciones (utilizando el sentido común) otorgando luz a ciertos detalles que harán que el resto de miembros del jurado, recapaciten sobre su tan ferviente voto. 

Empieza a hacer ciertos desencuentros dentro de la sala

La cosa parece que se está acalorando demasiado
Durante hora y media, la palabra tomará protagonismo; como ya he dicho no hay acción, sólo retórica, y eso es lo que le otorga mayor valía al film, porque lejos de ser un truño infumable, resulta todo lo contrario, es atrapante, es intrigante, a veces sofocante, a veces tensa; en resumidas cuentas es un auténtico prodigio. Es admirable conseguir una obra de semejante potencial con tan poquitos elementos, es admirable la facilidad que posee de mantenernos pegados atónitos ante la pantalla viendo algo tan mundano como a unos tíos discutir y deliberar y es admirable el estudio tan meticuloso y certero de la mente humana. Creo que ''Doce hombres sin piedad'' es una de las más laboriosas obras maestras existentes en ese magno período de la cinematografía, denominado como cine clásico, una película absolutamente imprescindible y memorable donde las haya.

La culpabilidad el acusado ya no se ve tan evidente

2 comentarios:

  1. Buenas soy Javier. Sidney Lumet nunca o casi nunca defrauda. Te recomiendo por ejemplo su adaptación de la novela de Agatha Christie Asesinato en el Orient Express

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  2. Si señor!! Una de mis películas preferidas. Lo que más valoro de ella es que te hace pensar. Cuando termina no haces más que darle vueltas al asunto, porque nada en la vida es blanco o negro.
    Un 10 absoluto.

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