lunes, 31 de marzo de 2014

El pueblo de los malditos (1960) de Wolf Rilla



El pueblo de Midwich sufre un desmayo colectivo y...
Seguramente a la mayoría, cuando se les mencione el título "El pueblo de los malditos", les vendrá a la cabeza el más conocido remake realizado por John Carpenter en 1995. No obstante, ésta fue su versión original cinematográfica, un clásico de ciencia ficción y terror británico basado en la novela "Los cucos de Midwich", según he podido leer haciendo referencia a que los cucos, son aves que sustituyen los huevos de otras aves, por los suyos propios, para que éstas alimenten a sus crías (lo cual tiene un sentido metafórico con lo que ocurre en este film). Pues bueno, los conocedores del film de Carpenter, como bien sabrán, recordarán que en dicho film los habitantes de un pueblo, Midwich, se veían asolados por un grupito de niños especiales, a los que se les encendían los ojos y que, con sus poderes especiales, podían obligar a cualquier persona a producirse horribles daños físico, incluso matarse (vamos, que podían controlar la mente de cualquier humano que se les antojase). Básicamente el film de Carpenter copia al dedillo el argumento de esta peli original, por lo tanto (y con la única salvedad del paso del tiempo entre ambas), ambos films son casi exactos.

...posteriormente nacerán unas "adorables" criaturas como ésta

El prota, Gordon Zellaby (George Sanders),
"padre" de uno de los niños diabólicos
Todo comienza cuando el pueblo de Midwich, sufre un desmayo colectivo. Una especie de fuerza misteriosa, provoca que todos sus habitantes (sin excepciones) sufran un estado de inconsciencia durante unas horas. De hecho todo aquél que sobrepasa la barrera invisible que limita el pueblo, también cae presa de ese desvanecimiento. Sin explicación ninguna, pasado un rato todo vuelve a la normalidad, las personas recuperan la consciencia y siguen sus vidas, como si nada hubiese pasado. No obstante, transcurrido un tiempo, se darán cuenta que todas las mujeres fértiles del pueblo, han quedado embarazadas. El gobierno decide tomar cartas en el asunto y supervisar dichos embarazos, debido a su extrañeza, y si de algún modo, dicho hecho puede estar relacionado con el desmayo colectivo. Todas las embarazadas dan a luz perversos niños, todos albinos y con una mirada que es capaz de helar la sangre. No sólo esto, los niños muestran una inteligencia superior a la media y demuestran además un poder telepático tan increíble como aterrador y es que (como ya mencioné antes) son capaces, no sólo de leer las mentes, sino también de controlar la conducta de toda persona viviente. Estos seres, de procedencia desconocida (pero seguro, no humana), se convertirán de la noche a la mañana en un gran peligro para los seres humanos.

La sufrida señora Zellaby (la hammeriana Barbara Shelley)

El "hijo" de ambos, David, es el líder de los niños malvados
"El pueblo de los malditos" es sin lugar a dudas, un grandísimo clásico, merecedor del estatus de culto que hoy en día posee y además resulta muy interesante desde diversos puntos de vista. Por un lado, porque se trató de la respuesta británica al tan explotado en América subgénero llamado "terror atómico", que presentaba en la gran amplia mayoría de films que lo componían, como la Tierra era amenaza, mediante múltiples formas, por diversos peligros procedentes del espacio, o por ende, cualquier tipo de mutación producida por cualquier tipo de artefacto científico, presentando en cierto sentido la ciencia y el progreso como una amenaza. El terror atómico, además, llevaba entre líneas un mensaje subliminal muy claro y era el terror "rojo", o sea el rechazo hacia el comunismo y América dejaban leer entre líneas que los peligrosos invasores que nos amenazaban eran comunistas (una situación de tipo real que debió vivirse con intensidad en aquellos años que empujaban a la gente a la incredulidad de todo ser que les rodease). En medio de esta exitosa fórmula, "El pueblo de los malditos" dejó su huella participativa, aunque de forma más sugerente (lo que me parece todo un acierto) y es que aunque, en varias ocasiones, se nos deja caer que estos niñatos diabólicos son seres extraterrestres (al estilo de los invasores de "La invasión de los ladrones de cuerpos"), nunca se nos explica su procedencia exacta, lo que la verdad, produce un mayor estado de repelús. 

El grupito de malditos preparados para armar de las suyas

Los habitantes de Midwich intentan rebelarse contra los niños
Por otro lado, "El pueblo de los malditos" aportó también su granito de arena a la aparición de films con, como yo los llamo, "niños asesinos" (cuya pionera había sido hacía poco "La mala semilla"). Hasta ese momento, los niños en el cine eran mostrados como criaturitas dóciles e indefensas, pero con películas como ésta que nos ocupa, se empezó a variar el aspecto de los niños dentro de la cinematografía y dejar notorios que los más pequeñajos también podían ser crueles pozos de maldad, ya fuese porque procedían de otro planeta, porque fuesen poseídos por el demonio o porque simplemente son psicópatas y punto. En el apartado técnico, el film es muy bueno, de hecho resulta más notable incluso que muchas otras producciones americanas de ciencia ficción de la época. Lo mismo puede decirse de los actores, encabezando el reparto el oscarizado George Sanders y la musa de la Hammer Barbara Shelley, con otros rostros secundarios también típico de films de terror de la propia productora inglesa, sin dejar de lado la magna labor de los infantes que se muestran absolutamente aterradores. Para mí es una película sobresaliente, un film de auténtico culto, que merece más bombo y más consideración, ya que como ya he dicho antes, parece que su remake noventero la ha ensombrecido un poco. Es altamente recomendable, porque sin lugar a dudas, es de lo mejorcito del cine de terror/ciencia ficción que se hizo por aquel momento. 

Obligando a un pobre tipo a suicidarse

*MI MOMENTO FAVORITO: ése en el que el protagonista, Gordon Zellaby (George Sanders), intenta ocultar sus pensamientos, del poder de los macabros niños, para evitar que adivinen su intención de acabar con ellos. 

Pensando en un gran muro de ladrillos

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