miércoles, 27 de enero de 2016

El gato negro (1981) de Lucio Fulci



El locuelo Robert Miles (Patrick Magee)
Tras desparramar sangre por los cuatro costados en ''Nueva York bajo el terror de los zombies'', ''Miedo en la ciudad de los muertos vivientes'', ''El más allá'' y ''Aquella casa al lado del cementerio'', Lucio Fulci decidió dejar de lado los zombies y las tripas y se metió con una historia de tipo más clásico. Así que tomó el cuento corto de Edgar Allan Poe, ''El gato negro'', para realizar su propia adaptación de tan épica historia (la cual por ejemplo ya había servido como inspiración para films como ''Satanás'' o uno de los fragmentos de ''Historias de terror'' de Roger Corman, entre otras más). Pues bueno, lo que salió como resultado es una castaña pilonga, un film que no encaja para nada dentro del estilo habitual de su director, una rara avis que se encuentra marginada y desubicada en un entorno dominado por la casquería del cual su director se convirtió en uno de los máximos exponentes. 

El gatete infernal

El felino da una mala suerte de espanto...
La peli no es fiel ni mucho menos al cuento de Poe (imposible, como siempre digo, tratándose de un relato de pocas páginas), manteniendo como único elemento al propio felino oscuro y el cuerpo emparedado del final. La historia es rara, el guión confuso y la lógica brilla por su ausencia. Tenemos a un tipo (Patrick Magee, recordado por su aparición en films como ''Dementia 13'', ''Condenados de ultratumba'' y especialmente ''La naranja mecánica''), el cual está un poco chalado (con verle el careto nos podemos hacer una idea) y que para colmo de males, tiene conexión mental con un gato negro, el cual es el responsable de causar desastres allá por donde pasa. El felino acaba con todo aquél que se propone, generando fatales accidentes que matan a los damnificados. A todo esto se mezcla una especie de trama policial, en la que una parejita de churris (el investigador y la fotógrafa avispada) intentan esclarecer el misterio del viejo y el gatete. El film es descafeinado (sobre todo teniendo en cuenta quien lo realiza), rancio, simple y muy aburrido. 

...pero muy muy mala

La sangre brilla casi por su ausencia y su puesta en escena es plana y televisiva. Lo único destacable podría ser esa ambientación que la enclava más en el terror gótico más clásico, enrarecida y siniestra, en donde sí se nota la mano de Fulci. Por lo demás, nada que señalar especial, es claramente una obra menor de su director, aunque no sería la peor ni mucho menos, no tardaría en llegar una etapa mucho más deprimente para Fulci, en la que nos brindó bodrios infumables en los que su antigua mano maestra, desaparece por completo. 

Entre el poli (David Warbeck) y la fotógrafa (Mimsy Farmer) habrá rollito

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