martes, 26 de enero de 2016

Ghoulies 3: Los Ghoulies van a la universidad (1991) de John Carl Buechler



Los Ghoulies retardados regresan
¡Mierdón de campeonato! Vamos que tampoco se podía esperar otra cosa, pero en serio, esto es bastante vergonzoso. A ver, ''Ghoulies'' de por sí ya era una película muy malilla y cutre (mejor fue ''Ghoulies 2'', la cual sí demostró ser al menos, una decentilla copia explotativa de ''Gremlins'' para pasar el rato), pero es que lo que se ve en esta tercera parte no tiene nombre. Este mojón se desarrolla en una universidad (como indicar el título), donde dos fraternidades rivales se gastan bromas pesadas unos a otros, para competir por cual tiene mayor número de subnormales entre sus miembros. A todo esto, un gili resucita a los Ghoulies mediante un cómic (ver para creer) y éstos se dedicarán a unirse al cotarro siendo más estúpidos que los personajes humanos, dedicándose a meter mierda entre dichas fraternidades. El resultado es un egendro lamentable, de realización no simplemente paupérrima y lamentable, sino mucho más que eso, todo su metraje es lo que podíamos denominar, un auténtico insulto a eso llamado hacer cine. 

El mítico Kevin McCarthy (''La invasión de los ladrones de cuerpos'',
''Piraña'', ''Aullidos'', etc.) rebajado a aparecer en esta boñiga infecta

Gilipollas unicelulares en la universidad
La película no vale una mierda, sus personajes son irritantes, los actores patéticos en extremo y no hablemos de los efectos especiales (¡madre de Dios!), creo que no podían haberlos hecho peor ni queriendo. En el film asoma alguna que otra tetita por ahí y por allá y seremos testigos de la cantidad de sandeses que los feotes de los Ghoulies sueltan por la bocaza, porque sí, ahora también hablan y no precisamente para bien, porque acaban siendo más que cansinos, acaban siendo una lacra bien pesada e intragable. Este apestoso montón de carroña fue directo al mercado de vídeo (lógico, ¿quién puñetas iba a tener las pelotas de estrenar esta porquería en cines?) y seguramente que hasta tendría su apogeo entre los numerosos incautos que cometiesen el gran error de sus vidas a la hora de alquilarla, pensando que por lo menos sería apta para pasar un rato entretenido en el que la vergüenza ajena no fuese tan notoria.

Morro flexible

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