domingo, 13 de abril de 2014

Los diez mandamientos (1923) de Cecil B. DeMille



Moisés (Theodore Roberts)
Pues bueno, como hemos comenzado la Semana Santa, me parece lo más apropiado dedicarle sendos comentarios a films de temática religiosa, como por ejemplo los basados en los innumerables textos de La Biblia, que tanto juego han dado a los productores de Hollywood durante tantos años, a la hora de ofrecer de suprema y artificiosa elaboración. He querido desempolvar del olvido esta primigenia obra del gran Cecil B. DeMille, uno de los primeros Maestros (con mayúsculas) a la hora de afrontar magnas superproducciones que, al público del momento, dejaban sin habla. Me estoy refiriendo a "Los diez mandamientos", película muda realizada en 1923; aplastada y lastrada (con grato merecimiento) por la superior versión que el mismo DeMille realizó en 1956, protagonizada por Charlton Heston. No obstante y a pesar de sus logros técnicos, perfectamente apreciables y enormemente adelantados a su tiempo, este film me parece un lamentable cagarro. 

Escena rodada en antiguo technicolor bicromático

El faraón Ramses con su hijo muerto en brazos
Y no digo esto, porque en general sienta ciertos prejuicios hacia el cine mudo, sino porque la película no puede estar peor enfocada y peor expuesta al público. Me explico. Comienza el film con un prólogo de 45 minutos aproximadamante, en el que veremos lo que viene a ser la historia de Moisés (muy resumida) y el cumplimiento de su misión a la hora de liberar a los esclavos de Egipto. Mientras que después, seremos testigos de una historia que nada tiene que ver con la propiamente bíblica. Los dos tercios restantes del film nos cuentan un melodrama, ambientado en el presente (en ese momento, o sea los años veinte), protagonizado por dos hermanos muy distintos, uno beato y el otro ateo, educados por una madre católica a ultranza que les ha inculcado el cumplimiento de los diez mandamientos; un lastre absoluto e inesperado, pues todo aquél que se precie, supongo que lo que se esperaba era ver un film íntegro sobre la historia de Moisés y los hechos acontecidos a su hazaña libertadora. 

La impresionante escena de la separación del Mar Rojo

Los dos hermanos tan diferentes,
John (Richard Dix) y Dan (Rod La Rocque)
Debido a esto tendremos por lo tanto, dos partes completamente distintas en el film y que no pegan ni con cola, la una con la otra. Mientras que el primer tercio es, y nadie lo puede negar, brillante desde el punto de vista visual; lo que lo acontece es un monótono y aburridísimo relato que perfectamente podría haber sido construido de manera independiente. La unión de ambos fragmentos se ve de lo más extraña e incomprensible, y desde mi punto de vista, francamente abominable. Mientras que el primer tercio muestra una fantástica dirección artística, recreando el Antiguo Egipto, las pirámides, etc; aparte de unos fabulosos efectos especiales increíblemente llamativos para la época; el resto carece de cualquier parafernalia técnica, la dirección se vuelve plana y en resumidas cuentas la historia pierde por completo la grandeza mostrada en el prólogo. ¿El resultado? Una película de más de dos horas, verdaderamente insoportable, y de la que lo único que merece la pena (desde el punto de vista analítico y cinéfilo) son sus primeros 45 minutos que se ciñen a la historia de Moisés como tal, convirtiéndose los 90 restantes en una puta mierda que cuesta un triunfo tragarse. Menos mal que el señor DeMille, aprendió la lección y acabó construyendo una nueva película sobre la historia de Moisés, como merecía la pena ser enfocada y en 1956 realizó la auténtica obra maestra del texto bíblico, que como tal pasó a la Historia del Cine, aparcando a un lado este letárgico experimento. 

Moisés con sus tablecitas de los mandamientos de Dios

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