jueves, 20 de noviembre de 2014

Vivir desesperadamente (1977) de John Waters



La lunática Peggy Gravel (Mink Stole)
Siguiendo en su línea irreverente, John Waters regresó a la dirección en 1977 con otro film de lo más políticamente incorrecto. "Vivir desesperadamente" supuso un trabajo clave para el director, pues puso final a su estapa más, denominémola, "trash" o "guarrindonga", para volverse un tanto más edulcorado y, por así decirlo, más comercial en posteriores trabajos (personalmente, esta nueva etapa más "suave" me parece infinitamente mejor que estos proyectos iniciales tan característicos de su estilo, destinados a los degustadores de proyectos de los más reprovables y zafios). Pues bueno, lo que aquí encontraremos nuevamente, será un buen puñado de escenas demenciales y no carentes de este toque un tanto enfermizo que John Waters ya había incluido sin ningún tipo de pudor, en trabajos suyos anteriores. Eso sí, "Vivir desesperadamente" es un tanto más light; con esto no quiero decir que no sea desagradable, obscena y como ya he dicho, excesivamente políticamente incorrecta, pero sí que Waters ya no extralimitó ciertos límites como por ejemplo en su obra maestra de la poquería y la cutrez, "Pink Flamingos" (y es que después de ver al señor/a Divine devorando una mierda de perro sin contemplaciones, pues uno ya ha quedado curado de espanto de por vida). 

Bienvenidos a Mortville

La tirana reina Carlotta (Edith Massey)
Por lo tanto, uno puede quedarse tranquilo, guarradas tan gráficas del estilo, no estarán presentes en este "Vivir desesperadamente", por suerte. Lo que se nos presenta ante los ojos es una especie de versión trash de "Alicia en el país de las maravillas", inundada por el estilo peverso e irreverente del director. Vemos como una señoritinga de estatus social acomodado (Mink Stole, actriz fetiche del director), y la elefanta de su criada negra (Jean Hill), matan al marido de la primera. Ambas se convierten en fugitivas y se acaban escondiendo en Mortville, un pueblo que es algo así como un refugio para criminales de todo tipo. Los personajes que allí habitan, están supeditados bajo la tiranía de la reina Carlotta (Edith Massey), una vieja asquerosa que pincha y corta el bacalao en Mortville, como se le plazca, la cual es capaz de imponer cualquier tipo de perversión, por muy enferma que ésta parezca. 

Hora del striptease

Ahí pasando un poco el rato
El resto del film, pues nada más y nada menos que un desfile de desnudos (masculinos y femeninos), gamberrismo por doquier, sexo guarrete, lesbianismo, mal gusto y unos toques de gore chunguete (la escena de la castración gráfica se las trae). En resumidas cuentas, un espectáculo esperpéntico sólo apto para los degustadores de la etapa de la carrera de John Waters más zafia, más guarra y más asquerosa. Es de agradecer no obstante que el director se ahorre abusar de detalles excesivamente escatológicos, y que además incluya cierto toque de crítica social, que por momentos, tiene cierta gracia. Por cierto, se me hace rara la ausencia de Divine en este film, ¿qué compromiso tendría este señor que le impidió poner su prominente jeta en este proyecto de su amiguísimo Waters? Esperemos que no fuese a consecuencia de una indigestión por llevarse a la boca determinados elementos poco saludables, no demos nombres, ¡anda!
 
Antecediendo a una gráfica castración

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