martes, 19 de mayo de 2015

El destripador de Nueva York (1982) de Lucio Fulci


 
Un asesino anda suelto por Nueva York
Lucio Fulci se convirtió en todo un experto en eso de incluir mala baba y violencia por un tuvo en sus películas y aquí, nuevamente, lo volvió a corroborar. ''El destripador de Nueva York'' se coronó como otro de esos films bestiajos víctima de todo tipo de censuras por su contenido políticamente incorrecto y pasado de rosca. La historia sigue un tanto la estela impuesta por el giallo italiano, pero con toques del cine policíaco, muy al rollo americano, es más la estética se asemeja mucho a las típicas series norteamericanas de los setenta, la ambientación y los looks van en ese estilo. Tenemos a un peligrosísimo y brutal psicópata que se va despachando con una serie de mujeres, como bien indica el título, en la ciudad de Nueva York. El criminal les procesa unas horripilantes muertes, destripamientos y mutilaciones varias, dejando muy claro su odio visceral contra el género femenino. Lo único que tienen en común las víctimas es que todas son, objetivamente, mujeres bonitas y de muy buen ver, razón que por lo que se ve, molesta mucho a este psicópata.

Los responsables de la investigación (Jack Hedley y Paolo Malco)

Zora Kerova protagonizando un show erótico
El tipo no contento con eso, después llama al poli que investiga el caso, un tipo cascadete de edad un tanto avanzada (Jack Hedley), ante el que se pavoneará regodeándose de sus actos, encima distorsionando la voz de tal manera que su habla se asemeja a la de un pato. El grueso de la trama es la mecánica investigación policial llevada a cabo para averiguar quién es el asesino, mezclándose ésta con subtramas secundarias que efectúan su labor de otorgar pistas falsas (aunque hay que decirlo, no juega excesivamente bien sus cartas la historia a la hora de encubrir la identidad del asesino). La película, aparte de la violencia explícita, también hace gala de escenas de erotismo bastante gráficas, en concreto aquéllas en las que cierto personaje femenino (interpretado por una desinhibida Alexandra Delli Colli), una ninfómana a la que le van los jueguecitos sexuales un tanto morbosos, hace su aparición en pantalla.

Iluminación a lo Dario Argento

No hay escapatoria del destripador
En lo personal, y a pesar de sus defectillos (la trama se vuelve un poco monótona en ocasiones), me parece una película memorable dentro de la filmografía de Lucio Fulci, todo un ejemplo claro de su desparrame visceral y su estilo claro y sin medias tintas. La peli, de manera justa, ha cosechado su cierto culto y a día de hoy sigue manteniéndose en la memoria colectiva como una de esas piezas grindhouse excesivas y no aptas para todos los gustos. A mí me gustó mucho, ese desparrame de sangre, ese impecable estilo fílmico característico de su director (incluso en determinada escena le rinde un claro homenaje estético a Dario Argento), y esa violencia exagerada e incluso ''artística'' (el asesinato de la cuchilla de afeitar y el ojo es a la vez perturbador y visualmente impecable), me parecen motivos dignos de admiración. Desde mi punto de vista es un clásico imprescindible y con dos cojones (de ésos que tanto escasean en el cine actual, no hay más que echarle un vistazo al final, ¡todo un desolador puñetazo en la mandíbula!

La escena más fuerte de la película, un ojo siendo seccionado por una cuchilla de afeitar

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