domingo, 17 de noviembre de 2013

Alemania, año cero (1948) de Roberto Rossellini



Berlín en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial
Seguramente que el 99'9 % de las críticas que podáis encontrar sobre esta película, la señalarán como una prodigiosa y devastadora obra maestra del neorrealismo italiano, esa corriente cinematográfica surgida (en Italia claro), después de los terribles años de la Segunda Guerra Mundial, en la que directores como Vittorio De Sica, Luchino Visconti y el propio Roberto Rossellini (director de esta película) pretendieron hacer películas más directas, más crueles con la intención de reflejar una devastadora realidad que mucha gente estaba viviendo a consecuencia de la guerra, en la que la pobreza y la miseria eran los protagonistas. "Alemania, año cero", indudablemente es una de las obras más representativas de esta corriente y por ello hoy en día en considerada una película prodigiosa, maravillosa, una obra maestra y patatín y patatán. Bueno, yo de antemano y sin ningún reparo, voy a discrepar con todos estos argumentos, pero por completo. ¿Por qué? Porque desde mi punto de vista, una obra maestra debe cumplir unos requisitos que "Alemania, año cero" no cumple, pero ni de lejos. A ver si me explico acertadamente. Desde luego hay que reconocerle el mérito al señor Rossellini, al igual que a otros directores coetáneos, por su valor a la hora de afrontar un nuevo tipo de cine, que huyese de los convencionalismos del star system de Hollywood y que contemplase aspectos más realistas, más duros y más hirientes de una manera más clara y más directa. 

El pequeño protagonista Edmund (Edmund Meschke)

El problema es que, si tenemos por obra maestra, un film imperecedero y que no se vea caduco con el paso de los años, pues desde luego esta película pierde puntos a una gran velocidad. La película no es que haya quedado caduca, es que ha envejecido de tal manera, que su contenido mínimamente dramático e impactante para el espectador se ha disipado. Y por supuesto, la culpa la tienen sus propios realizadores. Vamos a ver, la película narra la historia de un niño y su familia, que viven a duras penas entre las ruinas de una Alemania, completamente derrocada tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. La situación en la que malviven, es extrema, la hermana del chico se prostituye para sacar cuatro chavos, cobijan a un hermano fugitivo de la justicia por sus tonteos con el partido nazi y para más inri, cuentan con la carga de que el padre de familia, es un inválido gravemente enfermo y al que prácticamente no pueden ofrecerle los cuidados que deberían darle. 

La familia del protagonista

El niño pasando el tiempo como puede
A grandes rasgos la película obtiene todos los ingredientes para que los espectadores contemplemos un drama, verdaderamente desolador, hiriente y que nos toque el corazón. ¿Por qué entonces no resulta efetivo? Los defectos son tantos que podrían parar un camión. En primer lugar, los acontecimientos en la historia, a pesar de querer transmitir un realismo mayor, se ven extremadamente exagerados, irreales (paradójicamente) y nada creibles. Algunos de las vivencias del niño rozan casi lo fantástico vamos, debido a la (repito) una exacerbada exageración, que más bien parece representarnos una caricatura de la sociedad alemana de la época, más que un retrato fiel de la supuesta realidad. Para los que discrepen con lo que he dicho, háganme el favor, véanse de nuevo la película y luego digan si es posible que una circunstancia tan atroz de la historia permite ciertas licencias ridículas que el señor Rossellini ofrece en su libreto. Por otro lado, el guión me parece horrible, de interés nulo. Si lo que pretendían era que nos compenetrásemos con los personajes, han fracasado de lleno, porque todos son insoportables; y que no vengan con historias de siempre, los más instruidos, de que si era un ataque a las actitudes hitlerianas, que nos conocemos las tretas de siempre para glorificar como sea el típico truño, para quedar de guay. 

En medio de la miseria de la ciudad

El puto nazi adoctrinando al niño y sobándolo de paso
Pero seguimos analizando el film y encontramos la peor bofetada que te pueden meter; los actores. De verdad, ¡vaya mierda de actores!; vale, ahora puede decir alguno, es que no son profesionales. Bueno, eso no quita que sean menos nefastos. No sólo es que sean nefastos, es que son tan irritantes que por momentos me dieron ganas extremas de quitar la película y pasar de verla finalizar, pero bueno; al ser una peli tan mítica, mi labor como cinéfilo era hacer de tripas corazón y rematarla, con un par. Es especialmente insoportable el tipo que interpreta a ese profesor con ideas hitlerianas y tendenias pseudo-pedófilas, de quien el niño protagonista se hace amigo; de verdad mirarlo más de un minuto hablar y poner esas insufribles muecas, entran ganas de lanzar el mando contra la pantalla. Ya si sumamos, que para lo corta que es (no llega a durar ni una hora y veinte minutos), se hace pesadísima, con un ritmo lentísimo que convierten su visionado en una horrenda tortura, en una pesadilla, en una agonía que se ve disipada cuando aparece la palabra "FINE"

Y porque sí, el nene envenena a su papi enfermo

En fin, que no me pienso extender más. "Alemania, año cero" es la típica película que todo crítico proclama a los cuatro vientos que es una prodigiosa obra maestra y auténtico cine de verdad; y después no hay quien se la trague, porque es tan aburrida, tan irreal, tan patética, tan mal interpretada y tan ponzoñosa, que inevitablemente el paso del tiempo ha machacado sus iniciales propósitos de impactar con una propuesta diferente, que a día de hoy pues se ve inevitablemente ineficaz. Aún así, si os animáis a verla, os recomiendo tener un termo de café a mano, porque os garantizo que si lo que queréis es verla terminar, lo váis a necesitar. 

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