domingo, 3 de noviembre de 2013

El agente secreto (1936) de Alfred Hitchcock



Richard Ashenden (John Gielgud) reclutado
para una peligrosa misión
Por lo general cuando abordo el comentario de una obra del genio Alfred Hitchcock, no encuentro palabras para deshacerme en halagos, ya que la mayor parte de las películas de este director, me parecen grandes obras maestras de suspense e intriga. Pero, como suele decirse, siempre existe una excepción que confirma la regla y en mi caso "El agente secreto" es esa excepción. La verdad, esta película carece de la maestría propia de su autor, el cual nos brindó una historia mundanamente simple, incluso ridícula en algunos pasajes. He leido por ahí algunos comentarios que justifican la torpeza narrativa y artística del film, a la poca profesionalidad de Hitchcock en ese momento, en el mundo del cine. En mi opinión, esto no tiene nada que ver, pues Hitchcock, en esta denominada "etapa inglesa" de su carrera (antes de partir rimbo a Hollywood) ya había realizado maravillosos films como "El hombre que sabía demasiado" o "39 escalones", en las que ya dejaba clara esa maestría que he mencionado antes y que tanto caracteriza su cine. "El agente secreto" sin más me parece un resbalón, y es que, como ya he mendionado en otros comentarios, hasta los más grandes del Séptimo Arte cuenta en su carrera con alguna que otra peliculilla menor, o incluso alguna que otra pachanga mierdera.

Richard con Elsa Carrington (Madeleine Carroll)

El General Montillo Montezuma (Peter Lorre)
"El agente secreto" nos sitúa en pleno periodo de la 1ª Guerra Mundial y nos cuenta la dificilísima misión que un agente secreto, Richard Ashenden (John Gielgud, en una de sus primeras apariciones en el cine), deberá desempeñar para desenmascarar a un espía, afincado en Suiza. El problema, es que no sólo se desconoce la identidad de dicho espía, sino que tampoco se sabe qué aspecto tiene ni ningún rasgo físico que lo delate. Para ello contará con la ayuda de la atractiva Elsa Carrington (Madeleine Carroll, protagonista de "39 escalones") y de un general mexicano (el camaleónico y siniestro Peter Lorre), cuyo personaje la verdad me parece indigerible y cuyas apariciones ya de antemano me jodían la película. La verdad, creo que Peter Lorre era un maravilloso actor, pero no estuvo nada acertada su decisión para dicho papel, bueno ya de antemano, que el personaje era bastante insoportable, pero es que Peter Lorre haciendo de mexicano, es un claro ejemplo de forzada sobreactuación, bastante lamentable, sobre todo cuando pretende hacerse el gracioso constantemente.

¿Será éste el espía al que tienen que eliminar los protas?

A punto de dar un empujón mortal
En sí el argumento pinta bastante bien y tal vez podría haberse convertido en un interesante film de espías, como mínimo, sin tener que suponer ello una obra maestra necesariamente. Pero es que ni eso, la película me parece que está muy mal llevada, el argumento se hace pesado, está inundado de unos toques de humor que no pegan lo más mínimo con el tono de la película y lo peor de todo, es que presenta algunas escenas que rozan el más absoluto ridículo. Por ejemplo, cuando el señor Ashenden y el general mexicano, eliminan a un sospechoso de ser el espía al que buscan, lanzándolo montaña abajo, sin tener la certeza de que es él, sólo porque tenían una ligera idea de que podía ser ese tipo. Lo peor es que cuando les comunican que el fiambre no es el correcto y que ha sido un error, presenciamos una bochornosa escena en la que el mexicano se descojona como si se hubiese sacado una piedra del zapato.

A estos lumbreras no se les escapa nadie

Entre éstos surgirá el amor
Eso sí, la escena que se lleva la palma de lo absurdo es la propia muerte de este personaje, del mexicano. Después de que él, los otros dos protas y el malo de la peli (en esta ocasión el verdadero espía enemigo), hayan sobrevivido a un casi mortal descarrilamiento de un tren, del que curiosamente salen prácticamente sin un rasguño, viene éste pánfilo todo chulo con una pistolita en la mano, se sienta junto al malo (atrapado por un madero o una viga, medio muerto) y le da el arma, como si nada. El malo antes de morir, le pega un tiro, el mexicano se pone de pie y parlotea su larguísimo nombre y el cargo que representa ("General Montillo Montezuma, conde de la villa de Albuquerque") y se muere, en una escena que demuestra que se pasaron tres pueblos con el humor negro, no sólo rozando, sino traspasando los límites de la estupidez. En resumidas cuentas, me parece uno de los peores films de Hitchcock, una película mala en general, que carece de todo lo bueno que representa, en líneas generales, el estilo de su autor. 

La escena más ridícula de la película

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