viernes, 15 de noviembre de 2013

La diligencia (1939) de John Ford



La diligencia en marcha
La verdad si tuviese que escoger un género, dentro del panorama cinematográfico, que no soporto, en líneas generales, no tendría ninguna duda, eligiría el western. Me resulta un género muy simplón, cuyas obras mayoritarias que lo componen se ven enclaustradas en una serie de clichés excesivamente repetitivos y que para más inri, han sufrido muy poca evolución (prácticamente nula) a lo largo de la Historia del Cine. La mayoría de instruidos (y no tan instruidos) en tema cinéfilo suelen atacan al género de terror, por lo mismo que he señalado yo del western, sin embargo no pueden negar la indudable evolución que el género de terror ha sufrido con el pasar de los años (desgraciadamente hasta prácticamente la última década), y ofrece un amplio abanico de posibilidades, representadas a través de diversos monstruos, vampiros, fantasmas, zombies, asesinos, etc. En cambio el western es un género estancado, monótono y muy poco variable en cuestión de temas aportados al público, de hecho, no hay más que ver que se ha ido desinflando con el pasar de los años y su producción ha ido siendo cada vez más reducida; a diferencia del terror que sigue estando muy a pie del cañón en las taquillas de todo el mundo. Dicho esto, por supuesto no me queda más remedio que señalar la excepción que siempre confirma la regla, puesto que a pesar de que el género no me entusiasma, "La diligencia" me parece un film prodigioso, genial y magnífico. 

Ringo Kid (John Wayne, en su primer papel protagonista)

Los viajeros de esta diligencia no
tendrán un viaje precisamente tranquilo
"La diligencia" es una película muy importante en la Historia del Cine por varias cuestiones. Una; por ser una de las obras más representativas y recordadas de su director, John Ford. Dos, porque fue un film que asentó las bases del western, incluso ya de aquélla, finales de los años treinta, considerado un género muy poco interesante por el público por su nula capacidad de sorprender. En cambio "La diligencia" supuso un soplo de aire fresco al western y potenció el amplio interés que suscitó a lo largo de unos cuantos años dicho género. Tres, porque supuso el debut de un representante importantísimo del propio género, John Wayne, el cual encarnó su primer papel protagonista y se convirtió en un auténtico mito, a pesar de sus (para mí, desde luego) pocas capacidades actorales. En lo personal, John Wayne, fue siempre un actor extremadamente encasillado en el papel de rudo vaquero, incluso siendo un abuelete continuó haciendo el mismo papel hasta que la espichó; la verdad no he visto que en ninguno de sus papeles me haya transmitido ni la más mínima emoción como para considerarlo el gran pedazo de actor que se le ha llegado a considerar en diversos lugares. Eso no quita que haya sido un mito, que lo fue y lo sigue siendo, porque los mitos nunca mueren. Y cuatro, presentó una historia exquisita que fue lo que en sí la convirtió en un film excelentemente acogido por el público durante generaciones. 

Entre Ringo y la prostituta Dallas (Claire Trevor) surgirá un cariño especial

Indios a la vista
Lo que nos cuenta "La diligencia" es el accidentado viaje en una diligencia (obviamente), un enorme carromato, de nueve personajes la mar de dispares, cuyas relaciones debido a sus enfrentadas y muy marcadas personalidades, irán conformando una historia apasionante y que fácilmente llama la atención del espectador. Durante el viaje tendrán que sortear diversos peligros, el más alarmante de ellos; el ataque de una caballería de indios característica de cualquier western, que los asediarán, llegado el momento, con una amenazante lluvia de flechas que indican las malas pulgas que tienen y su asco por el hombre blanco. A bordo del carromato encontraremos personajes pertenecientes a diferentes clases sociales representados con un doble rasero brillantemente por el director. Los de estatus más respetable, véase el banquero sin ir más lejos, o la señorita de buena posición (Louise Platt), resultan ser los más ruines, mientras que los de un rango menos sofisticado, como por ejemplo la joven prostituta (Claire Trevor) o el prota, el delincuente en busca de venganza (interpretado por John Wayne), al final serán los más decentes, arriesgados y valientes. Resulta que el banquero, viaja en la diligencia después de haber pelado la caja de ahorros de sus clientes, vamos un mangante de cuidado; mientras que la señorita bien, después de haber repudiado a la prostituta y haberle hecho varios desplantes, resulta que va preñada la muy casquivana. ¿Y quién será la que la ayude en el parto y se gane su respeto? La joven prostituta. Toma "zas" en toda la boca, puta pero con mucha más educación y valor moral. 

El borracho doctor Boone (Thomas Mitchell)

Los indios atacan
Por otro lado tenemos, el personaje que más me ha gustado, el de un médico que va siempre borracho perdido, interpretado brillantemente por Thomas Mitchell (quien se llevó el Oscar al mejor actor secundario). El tipo es un auténtico crack e impondrá en la trama momentos buenísimos de humor, muy bien traidos, incluso el tío demostrará su gran profesionalidad como doctor, cuando asista a la parturienta, a pesar de la cogorza, la cual tratarán de quitársela el resto de los personajes, bombardeándolo con jarras de agua. El tramo final, nos depara la justa venganza del personaje principal encarnado por John Wayne, que eliminará con eficacia a los antiguos asesinos de su padre y hermano, motivo que lo llevó a emprender el viaje y cuyo último acto de violencia, le deparará a un retiro pacífico en compañía de la prostituta, de la cual se ha ido enamorando durante el desarrollo de la trama. Por otro lado tenemos los aspectos técnicos del film, el señor Ford aporta una dirección muy animada, gracias a una gran variedad de movimientos de cámara que potencian el ritmo de manera admirable y un montaje que ayuda también a ello de manera ejemplar, resultando una perfecta combinación conjunta con la espléndida fotografía en blanco y negro. En resumidas cuentas "La diligencia" es todo un prodigio narrativo, un film de acción, de suspense, de aventuras emocionantes, un film cuyo eje principal son las relaciones de unos variopintos personajes, cuya marcada diferencia de personalidades hace posible la sucesión de los acontecimientos que construyen un relato maravilloso y entretenido. Es como si fuera un Gran Hermano, pero en el interior de un carromato y rodeado de los cáctus y el calor del desierto, sin olvidarnos de los indios. La verdad es que como película es un auténtico regalo para aquél adorador de este cine clásico tan prodigioso, independientemente de que se sienta algún tipo de reparo por las películas del Oeste. Un film verdaderamente imprescindible e imperecedero. 

Defendiéndose del ataque de los indios

*MI MOMENTO FAVORITO: la divertida escena en la que intentan espabilar a jarrazo de agua limpio, el doctor Boone (Thomas Mitchell), de la borrachera monumental que lleva encima, para que atienda a la pobre señorita Mallory (Louise Platt), que está a punto de parir. 

La resaca se va a acabar

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